Armas

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Una de mis réplicas: el fusil de asalto Masada
Para desazón de muchas personas que me conocen, he de reconocer que me gustan las armas. Mucho. Cuando veo esos documentales sobre EE.UU., donde poseer un arsenal es legal y garantizado por la Constitución, se me cae la baba, lo mismo que cuando veo esos campos de tiro en el desierto donde por unos dólares puedes disparar cualquier artefacto imaginable.
Ya les he contado que una de las poquísimas actividades físicas que practico es el Airsoft, un juego de guerra con réplicas escala 1:1 de armas de guerra, si bien yo no llego a los extremos que alcanzan ciertos practicantes del juego, como tener piezas originales en sus equipos (conocí a uno que llevaba un chaleco de los Marines que había estado en la primera guerra del Golfo... una pequeña fortuna en Ebay)... pero más que nada por el dinero, no por falta de ganas.

Si me pongo freudiano, sé perfectamente dónde se fraguó este gusto por ellas: mi padre era un anarquista vertiente pacifista, y de niño me prohibió terminantemente que tuviera lo que él llamaba juguetes bélicos (esta sandez aún hoy tiene adeptos). Ya sabemos que para estimular el gusto desmedido por algo, no hay más que prohibirlo -alcohol, drogas...armas- de modo que no es de extrañar que lo primero que hice al cumplir la edad legal fuera comprar un revólver (una birria del calibre .22 con el cual no podías darle a una diana de cinco metros de diámetro a un palmo de distancia). Y dejemos el psicoanálisis aquí, que si pienso en teorías acerca de la identificación de las armas como símbolos fálicos me entra la risa y no puedo seguir escribiendo.

La primera vez que disparé algo fue en un polígono de tiro en Buenos Aires. Vivía en un barrio populoso, y una sociedad de cazadores se había montado unas líneas de tiro bastante decentes. Curiosamente, nunca se me dio por la caza, me parece bastante asqueroso dispararle a alguien que no puede devolverte el tiro. Es rastrero y cobarde. Pero bueno, allí disparé con pistola y fusil, y ante mi sorpresa descubrí que era un tirador más que aceptable. Con los años fui teniendo una pequeña colección, de las cuales la joya era una pistola semiautomática Beretta del .22. Cierta vez, en otro polígono, vi unos tipos que disparaban de una manera rarísima: se ponían de espaldas a la diana, y a una señal se daban vuelta como rayos, desenfundaban y disparaban en una décima de segundo, haciendo siempre dianas en la cabeza (usaban dianas con la silueta humana), Y el arma era esa, la Beretta .22... y por una indiscreción, me enteré de quiénes eran: tíos de la embajada israelí. Sólo años después até cabos, y cuando pude disparar esa joya entendí porqué la usaban: nunca volví a disparar un arma más suave y precisa.
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La Bersa calibre 22

En España la cosa cambió. Del otro lado del charco tú entras a una armería, compras lo que quieres, lo pagas, pones tu huella digital en un papel que va a la Policía, te vas de allí con el arma y a pegar tiros. Aquí no: certificado psicotécnico (la cosa más imbécil que te puedas imaginar, con preguntas en plan ¿le dispararía a su vecino por una discusión sobre lindes?), certificado de antecedentes penales -como si los ladrones compraran las armas legalmente-, certificado de estar inscrito en una Federación de tiro... y para comprar el arma más rollos, incluído el tener que comprar un armero. Y encima no te dan el arma inmediatamente, sino que tienes que ir a por ella a la Guardia Civil. Todo esto es bastante idiota: si alguien quiere un arma para fines non sanctos, las hay a porrillo; y si la quieres con fines recreativos toda esta parafernalia es completamente innecesaria: el psicotécnico no saldría negativo a menos que fueras Charles Manson, lo de federarte, a menos que vayas a competir es un mero pretexto para sacarte dinero, y lo del armero otra estupidez: no hay mejor salvaguarda que el sentido común y seguir a rajatabla los métodos de seguridad. Al fin y al cabo es lo de siempre: dinero, es un tinglado montado para que un montón de gente chupe del bote a costa de los que queremos divertirnos pegando unos tiros.

Mucha gente -incluídos los que se horrorizan por mi afición- suele soltar paridas como que si las armas se vendieran libremente esto sería "como en Estados Unidos" o que "sería como el Far West". Sinceramente, decir eso en un país que tiene un problema gravísimo de violencia contra la mujer, en donde las pobres son acuchilladas como método de asesinato me parece una frivolidad. Si alguien quiere matar, lo hará, sea con una pistola, un cuchillo de cocina o tirándote por la ventana. No hay más. El arma es sólo la herramienta, no tiene voluntad propia. Como dijo Thulsa Doom, "el acero es débil comparado con la mano que lo esgrime". Y si temen que esto fuera el Far West... ¡pues qué mal concepto de sus compatriotas, joder!. Y recordemos una vez más que los malhechores no tienen problema ninguno en hacerse con un arma, pues como dicen en los States: si las armas están fuera de la ley, sólo los fuera de la ley tendrán armas.

La absurda aventura de Ernst Schäfer

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Ernst Schäfer
Ante todo, juro que todo lo que voy a contar es verdad, no me he inventado nada. Puede parecerlo, por lo absurdo, pero no, desdichadamente no es ficticio.
Antes de entrar en materia, un resumen: les voy a contar la expedición de 1938 al Tíbet por parte de Ernst Schäfer, oficial de las SS. No hay que confundir esta expedición con la de "Siete años en el Tíbet", mucho más conocida debido a esa película, cuyo mayor mérito es mostrar a Brad Pitt, el terror de las nenas hace una década. Ésta fue patrocinada por un oscuro instituto de la Alemania nazi, y para entender qué diablos fueron a hacer estos hombres al Tíbet hay que hablar un poco de ciertas teorías nazis.

Es bien sabido que Heinrich Himmler, el jefe de la SS, era un ferviente ocultista. Tenía pasión por la llamada cosmogonía glacial de Hörbiger, que sucintamente viene a decir que el Universo se formó por un choque entre el fuego y el hielo. No, no hablaba metafóricamente: se refería a un choque real, físico. Parte de ese choque primigenio puede contemplarse hoy en el cielo: es la Vía Láctea, que no estaría formada por estrellas, como maliciosamente afirman los judíos, sino por copos de nieve. Una vez más, juro que no me estoy inventando nada, aunque sea difícil de creer. Y su otra pasión era el estudio de la raza Aria, un completo disparate antropológico. Pero sus nociones acerca de dónde procedía la presunta raza superior no eran antropológicas, sino que provenían del ocultismo, de los estrambóticos escritos de Helena Petrovna Blavatsky. Según esta señora, había habido en la Tierra varias razas dominantes que vivieron en distintos continentes convenientemente perdidos, pero perdernos en sus, llamémoslas teorías, nos llevaría medio día. El caso es que Himmler estaba convencido de que la raza Aria tenía un origen celestial, y que habría aterrizado en el Tíbet, fundando Shangri-La, dirigiéndose luego hacia Europa y especialmente Europa del norte. 

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Con salacot de las SS en Lhasa

Bien. Una vez digerido lo anterior, ahora viene lo bueno: no contento con creer esas patrañas, Heini fundó todo un instituto para estudiar esas teorías, llamado Anenherbe (Sociedad para la Investigación y Enseñanza sobre la Herencia Ancestral Alemana, toma nombre), poblado por toda clase de lunáticos y chiflados, y algún que otro científico de verdad de tendencias nazis. Pues bien, en el año 1938 Himmler decidió que era hora de comprobar empíricamente sus creencias, y para darle lustre a la expedición contrató a Ernst Schäfer, un conocido explorador que ya había estado en el Tíbet. Éste, seducido por el hecho de que le incorporaran a la SS (una ganga en esos terribles tiempos) y por el hecho de poder volver a Lhasa con recursos ilimitados, aceptó. Montó una expedición, y nos da una idea del carácter de la misma que su segundo fuera un antropólogo, Bruno Beger. La entrada al Tíbet parece una novela de aventuras: con tambores de guerra sonando en Europa, los ingleses, desde la India, los volvieron locos tanto como pudieron, saboteando todo lo posible. Pero Schäfer era perro viejo, y no sólo los esquivó, sino que llegó a Lhasa, la Ciudad Prohibida, donde se hartó de filmar tibetanos, obtuvo miles de fotos, centenares de máscaras faciales (cosa de Beger), se reunió con el Regente del Tíbet que envió una absurda carta a Hitler (el hombre, evidentemente, no tenía la más remota idea de quien se trataba), y se trajo de regreso la primera colección conocida en Europa de los 108 rollos del Kangyur, uno de los libros sagrados del budismo. Alemania 1- Inglaterra 0.

De vuelta en casa, fue recibido en triunfo, y los expertos de la Anenherbe se abalanzaron sobre lo traído. Aparte de haber cazado una cabra desconocida para la ciencia occidental y de miles de metros de película con los cuales se montó una película inenarrable, "Tíbet secreto", obviamente no pudieron sacar nada en limpio acerca de raza alguna: concluyeron que los tibetanos eran una mezcla de caracteres de Asia central y del norte de la India (para eso no hace falta viajar al Tíbet: basta con mirar con atención una foto del Dalai Lama). Finalmente casi todos sus hallazgos se perdieron al final de la guerra. 
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La expedición en Lhasa

Esto podría terminar aquí, pero aunque sin culpa alguna por parte de Schäfer, tuvo un corolario horripilante: la Anenherbe quiso comparar las máscaras de yeso de Beger con sujetos europeos y (cómo no) judíos. Existe evidencia de que prisioneros de los campos de concentración fueron elegidos por sus características físicas, asesinados y utilizados con este propósito. Algunos de estos cadáveres fueron encontrados al final de la guerra conservados en formol.

Schäfer murió en Sajonia a los 82 años, tras haber sido exonerado por un tribunal de los Aliados por su pertenencia a las SS: se tragaron el cuento de que fue reclutado a la fuerza. Esta absurda aventura me resulta ambivalente: por un lado su aspecto aventurero es divertido, pero el trasfondo que motivó esa aventura es aterrador, sobre todo por su resultado final. Para que luego digan que las pseudociencias no son peligrosas...

Lartéguy, el escritor olvidado

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Hoy les quiero hablar de un escritor injustamente olvidado. Jean Lartéguy, nacido Jean Pierre Lucien Osty, fue unos de los autores que acompañaron mi adolescencia y al que sigo releyendo de vez en vez. Fue bastante popular en los años '70 y principios de los '80, y uno de sus libros fue llevado al cine con un resultado horripilante. 

Jean fue un hombre que vivió en y para el fenómeno más monstruoso que produce el ser humano: la guerra. Su primer y brutal contacto lo tiene en 1939, al ser movilizado para hacer frente a la picadora de carne, la Whermatch, en el seno del Ejército francés. Era ya la etapa de la débacle final, y vivió una experiencia humillante que lo marcaría para el resto de su vida: por un error logístico en esos últimos y desesperados días, con el Ejército francés disolviéndose caóticamente, perdió a su unidad. Una vez averiguó su paradero, se dirigió hacia allí a marchas forzadas. Iba caminando aprisa, la vista en el suelo, con su ridículo casco coronado por un pincho, cuando al doblar una curva cerrada escuchó una carcajada a las que siguieron muchas otras. Alzó la vista y quedó aterrado al descubrir que acababa de meterse de lleno en una columna de panzers alemanes. Sin saber qué hacer siguió caminando mientras los nazis se reían y le sacaban fotos. Creyó que lo matarían, que lo tomarían prisionero... pero no, le tiraron chocolatinas y lo saludaron llamándolo soldadito de plomo. Se reincorporó a su unidad justo a tiempo para la firma de la rendición francesa.

Sería inútil hacer un resumen del resto de sus actividades: escapó a España en el '42, siendo apresado; logró escapar y unirse a De Gaulle, se entrenó como comando con el legendario Orde Wingate (el padre de las fuerzas especiales y más tarde de las Fuerzas de Defensa de Israel), peleó en más batallas de las que pueden contarse... una vez retirado, no pudo adaptarse a la vida civil: tenía inoculado el virus de la guerra. Fue corresponsal en Vietnam, Indochina, Argelia, Corea, Latinoamérica... y escritor.

Los tres libros que le dieron fama suelen ser erróneamente llamados "trilogía", cuando no lo son: dos de ellos son ciertamente continuación uno del otro, pero el tercero no tiene nada que ver. El primero de la saga es Los centuriones, que narra la caída de la Indochina francesa y el comienzo del conflicto de Argelia. Aquí nace una serie de personajes inolvidables (inspirados en parte en antiguos compañeros de guerra): el coronel Raspéguy, un recio vasco-francés, el capitán Esclavier, prototipo del paracaidista, el aristócrata Glatigny, el enigmático Boisfeuras... con ellos Lartéguy nos introduce en los orígenes del olvidado conflicto argelino. Y en su continuación, Los pretorianos, nos narra con maestría el fin de la Argelia Francesa y el comienzo de la Independencia. El tercer libro, Los mercenarios, narra las andanzas del batallón francés en la guerra de Corea, con lo que obviamente vemos que no se trata de una trilogía, si bien este libro está trufado de recuerdos personales del autor.

Finalmente están sus memorias, un libro llamado La guerra desnuda. Es apasionante, un libro sobre la guerra escrito por alguien que ha vivido toda su vida a su sombra. Y en cierta forma parece hablarme a mí, ya que al leer Los centuriones y demás, llegué a creer que la guerra era una especie de aventura apasionante, algo romántico y peligroso. Y en este libro de memorias Jean nos cuenta cómo el libro se le escapó de las manos... él quería advertir contra los peligros de la guerra, y terminó haciéndola atractiva y deseable para muchos jóvenes cabezas huecas como era yo por esa época. 

Ahora, ya desengañado y descreyendo de causa alguna (creo que vivimos tiempos postapocalípticos), releo alguna vez las andanzas de Raspéguy y los suyos. Pero las leo con la sonrisa condescendiente del adulto que ve jugar a los niños, y me pregunto asombrado cómo alguna vez pude tragarme esos cuentos chinos de patrias, banderas y soflamas por los que matar y morir. "Juventud, divino tesoro", dicen algunos... juventud, ilusa, es a ti a quien recurren cuando necesitan derramar sangre por tonterías, digo yo. Pero a pesar de todo, sigue gustándome el viejo Lartéguy, porque tuvo el coraje de arriesgar el pellejo por lo que creyó justo, y es más de lo que podemos afirmar la mayoría de nosotros.

Frases del Dr. House

gregory-houseEn el deprimente panorama televisivo, durante muchos años el Dr. Gregory House fue un oasis de ingenio, humor y mala leche. He aquí algunas de sus memorables frases:

(Una pareja joven dice a House que dan una dieta vegetariana a su bebé) "Matar de hambre a un bebé es malo. E ilegal en muchas culturas".

(House, a la misma pareja, después de enterarse que son vegetarianos) "Le inyectaremos suero al bebé..., pero no se preocupen, es suero vegetariano".

(House realiza un examen vaginal a Ramona, una anciana) "Ramona, qué picarona. O tiene un novio de 19 años o uno de 80 que toma pastillitas azules".

(Dirigiéndose a Cuddy mostrandole una taza que se encontró en un escritorio y dice "el mejor papá del mundo" pintada por niños ) El dueño de esta taza ni siquiera se acerca a ser el mejor papá del mundo si deja que sus hijos jueguen con pintura con plomo.

(Stacy apremia a House para actuar en contra de la opinión de Foreman, Chase y Cameron) "¿Y qué hacemos, tú pegas al negrazo y yo a la chiquilla? El australiano saldrá disparado como canguro si la cosa se pone fea".

(House visita a Cuddy en recepción y le dice en voz alta) "¡No quiero acostarme contigo nunca más! La primera vez fue lamentable, porque seas mi jefa no utilizarás mi cuerpo".

(House muestra a su equipo el vídeo de una operación. Junto al monitor hay una botella de whisky) "Ignoren la botella sospechosamente vacía y miren a la pantalla. Así entendereis por qué cobro tanta pasta".

(House lleva al hospital a un condenado a muerte para ocuparse de su dolencia): "Tengo que dejarlo nuevecito para que el Estado se lo cepille, ¿soy yo o a alguien más le parece una ironía?".

(Chase pregunta por qué es él quien tiene que ir a investigar a la prisión): "Como eres tan mono, los reclusos serán más cariñosos contigo".

(Su equipo le pregunta por qué va a arriesgar la vida de una niña con una nueva operación): "Es que Wilson quiere darle otro año de vida para despedirse de su mamá. Debe ser tartamuda, la pobre".

(House descree de las causas filantrópicas y le dice a Wilson a modo de lema publicitario de una ONG): "Cada minuto que nos negamos a amarnos unos a otros, otro cachorrito derrama otra lágrima".

(Una revista esta llamando a House para pedirle una opinion sobre el paciente que actualmente esta tratando): "En mi opinion, el Dr. Sebastian Charles es un idiota; si usted puede citarme: C-U-D-D-Y"

(House habla por teléfono con su madre y Cameron le pregunta quién era): "Angelina Jolie. Yo la llamo mamá, eso la excita".

(House, tras ver el expediente de un paciente que acaba de ingresar): ¿Usted es Taddy? Me encanta el nombre, si alguna vez tengo un perro…

(House intenta abrir un bote de sus pastillas, cuyo cierre de seguridad se le resiste): "A prueba de niños ¿Cuántos niños le darán a la vicodina?".

(Wilson recrimina a House por colarse en el despacho del psiquiatra de Stacy, y le dice que a Nixon lo procesaron por eso): "¿Me estás diciendo que tampoco puedo practicar el sexo oral con las alumnas?".

(House ha descubierto una infección en una paciente): "Me encanta el olor a pus por la mañana. ¡Huele a victoria!".

(Los médicos le cuentan a House el caso de un paciente que habla con Dios): "Si hablas con Dios eres religioso. Si Dios habla contigo, eres psicótico".

(Al padre de un adolescente que no quiere operarse): "Si deja que el niño palme a los 15 años no tendrá que comprarle un coche nuevo a los 16".

(Tras descubrir un herpes en un chico que parece un santo): "Tranquilo, un par de avemarías, un poco de aciclovir, y a tirarse feligresas otra vez.

(A un senador negro que teme no llegar a presidente si se rumorea que tiene sida) "Si da igual: no llegará a ser presidente. No la llaman la Casa Blanca por la pintura".

Aunque la serie se alargó demasiado, echo de menos al doctor más brutalmente honesto de la tele. Pero siempre nos quedará esa escena final en la que montan en sus Harleys con Wilson y se van en plan Easy Rider hacia un futuro incierto...

Maldito alzheimer

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Dr. Alois Alzheimer
No, el título no es una broma. Circulan bromas sobre olvidadizos que tienen Alzheimer, pero maldita la gracia que me hacen. Hace años que por motivos profesionales convivo con gente que la padece, y sinceramente la temo más que a la muerte... o igual, vamos, ya que al fin y al cabo ¿qué es la muerte sino la aniquilación total del yo, de la identidad? Y eso y no otra cosa es esta maldita enfermedad, ya que, en última instancia ¿qué somos sino recuerdos? La película Blade Runner lo expresa perfectamente... somos una continuidad de estados de conciencia, certificados por la memoria, dice Dolina... sin la memoria, no somos nada. El yo se diluye, y quedan fragmentos rotos de lo que alguna vez fue una unidad. Biológicamente seguimos siendo personas, claro, pero no la persona que éramos. Es la aniquilación, el fin. Nuestro cuerpo sigue con sus funciones básicas, pero es un barco sin capitán, rumbo ni propósito.

Todo aquel que lo haya vivido coincide en que la primera fase es la más angustiosa: el enfermo sabe que algo le está pasando. Es consciente de sus olvidos anormales, suele preguntarte si se está volviendo loco. Y por más profesional que seas, por más que hayas estudiado, el trance siempre es duro. Naturalmente, por razones legales no puedes decirle qué es lo que le pasa (emitir un diagnóstico le compete sólo al médico), de modo que cada uno opta por sus tácticas... echarle humor (¿y qué pasa si te olvidas de las cosas? ¡yo no me acuerdo qué comí hoy!), o restarle importancia (bueno, no pasa nada... nosotros estamos para ayudarte). Pero dicen que el diablo sabe por diablo, pero más sabe por viejo, y a los ancianos no se los embauca tan fácilmente. Por eso yo me formé como especialidad, y prefiero trabajar con aquellos que ya tienen la demencia totalmente desarrollada... es un trabajo que muchas compañeras rehúyen (pueden ser violentos, hay que hacerles todo, estar muy, muy pendiente porque en un segundo te montan un desastre), pero por mi salud mental lo prefiero, aunque tras pasar ocho horas en la sala cuando están agitados (existe un efecto contagio cuando uno empieza a gritar) puedes salir de allí peor que Dexter.

Pero a pesar de todo me encanta mi trabajo. Poder paliar, aunque sea en lo mínimo, los sufrimientos de esas almas atormentadas, que no saben dónde están ni quiénes son, que lloran porque quieren ver a sus madres, es algo que el dinero no paga. Y con las personas con demencias muy avanzadas hay también grandes ratos de risas, aunque parezca imposible. Una vez, a una señora octogenaria, con un Alzheimer en fase tres, le dije, al verla de buen humor... ¿qué, Pepa, te casas conmigo? y me echó una mirada plena de risa y picardía y con una sonrisa de medio lado me dijo ¿contigo? ¡no, estás muy gordo!... y una de mis favoritas (todos tenemos favoritas, qué se le va a hacer) asegura que va todos los días a la playa a nadar... una tarde entro al turno y le digo ¿qué, Juana, has ido a nadar hoy? y me mira con cara de "pobre idiota" y me dice ¿estás loco? ¿con este frío?... esos momentos realmente no tienen precio, porque, por un segundo, ellos mismos, su yo perdido, está ahí... claro que inmediatamente desaparece, pero a ti te queda el calorcillo de haberlos hecho sonreír aunque sólo sea por un segundo.

Últimamente hay noticias alentadoras sobre el avance de la lucha contra esta enfermedad tan compleja y devastadora. No sé si llegaré a ver una cura, una vacuna o una medicación eficaz, pero de momento sólo podemos emplear un arma: la compasión hacia estas desdichadas personas. Y eso que yo tengo suerte, estoy en un plano institucional, quienes tienen un enfermo en casa sí que lo tienen realmente difícil (y peor ahora que las políticas neonazis los están dejando sin ayudas). Cierto es que la lucha entre memoria y olvido está perdida de antemano, pero está en nuestra mano al menos hacerle frente. No podré curarlos, pero si cada día puedo lograr una sonrisa o una cara de satisfacción, para mí es suficiente.

Nota: Los nombres utilizados son ficticios

Tolkiendili

tolkien
John Ronald Reuel Tolkien
Antes que nada, aclarar el título. Los freakys como yo solemos subdividirnos en varios tipos, de acuerdo a nuestro objeto de interés principal. Los hay Trekkers (devotos de Star Trek), Geeks (los locos de la informática y la tecnología)... y los seguidores incondicionales de la obra de Tolkien, los Tolkiendilis
Mi historia con las obras del escritor británico es larga. Por puro azar, cayó en mis manos su obra más difícil, una saga (literalmente) llamada "El silmarillion". Ante mis fascinados ojos se desplegó todo un mundo, con su historia, geografía, mitos, lenguajes... era algo que no había visto ni de lejos (lo único remotamente parecido era el mundo de la Edad Hiboria de los relatos de Conan, pero que estaba a años-luz de lo que estaba descubriendo). Indagando en las librerías, me enteré de que luego del Silmarillion venía El Hobbit, y luego El Señor de los anillos. Así que por pura casualidad leí los libros en el orden correcto.

¿Porqué la obra de este hombre me chifló tanto? Difícil de concretar. Vale que el marco y el contenido son fastuosos... la Tierra Media es una auténtica maravilla y la obsesión por el detalle de Tolkien la dotan de un realismo sorprendente. Además, es un mundo de fantasía en el cual puedes tranquilamente "suspender la incredulidad", como decía Coleridge. Suceden cosas que en nuestro mundo no podrían existir, vale, pero los personales tienen sus limitaciones por poderosos que sean. Gandalf, por más mago que sea, tiene que rendirse en el Paso de la montaña Caradhras porque la nieve le impide el avance, y ante la sugerencia de Legolas de que vaya delante con una llama para fundir un sendero, le espeta secamente que "no puede quemar nieve". De todos modos, las descripciones son tan exquisitas que existen atlas que reconstruyen toda la Tierra Media basándose en el relato.

Especialmente interesante es el planteamiento que escogió Tolkien para llevar a cabo la misión más importante de la historia de la Tierra Media: destruir el Anillo Único de Sauron, el Señor Oscuro que amenaza la libertad del mundo entero. No escoge a un gran  Mago como Gandalf, o un gran guerrero como Aragorn: el encargado de llevar a cabo esa misión es un simple hobbit, un tipo no más alto que un niño humano de diez años, no muy diestro con la espada, y más amante de la buena vida que de andar escalando volcanes. Tolkien nos pone aquí ante algo que nos concierne directamente: el papel que todos nosotros, por pequeños y humildes que seamos, podemos jugar en los grandes acontecimientos del mundo. Suena utópico (nuestro mundo real de hoy es mucho más aterrador que cualquier cosa que haya leído acerca de la Tierra Media), pero leer la aventura terrible de Frodo me reconforta. Y yo no veo al libro como una lucha entre el Bien y el Mal, en plan bíblico maniqueo. Más bien la veo en clave política, y muy parecido a la Segunda Guerra Mundial: Sauron es un tipo que busca sobre todo el poder y el dominio, aún a costa de su propia destrucción en el proceso.

Un crítico de Tolkien dijo que LOTR (Lord of the Rings) era un librito de aventuras en el cual cuando termina la guerra los buenos ganan y vuelven a casa felices como buenos chicos que son. A mí me parece que el tipo ése no leyó el mismo libro que yo... el libro tiene un final melancólico y duro, y más de una vez se me han caído las lágrimas leyendo la despedida de Frodo en los Puertos Grises... por no hablar de su versión cinematográfica. La película (porque en realidad es una película dividida en tres trozos, igual que el libro, que NO es una trilogía, sino un único libro partido por imposición de los editores) para mí es simplemente perfecta, y rezuma amor por la obra de Tolkien en cada fotograma. Vale que tiene un par de defectos (meter a los Elfos en la batalla del Abismo de Helm fue una pifia muy gorda), pero la he visto decenas de veces, y las decenas más que la seguiré viendo. Además, tiene un gran mérito: ha incrementado las filas de los Tolkiendilis, gente que desconocía a Tolkien y que a partir de la película ha leído los libros y se ha hecho fan. Y nos ha obligado a establecer una cronología: los Tolkiendilis APJ (antes de Peter Jackson, el director) y los DPJ (después de Peter Jackson). Y es que los APJ solemos ser tan fans que tenemos mucha más obra de Tolkien que los libros principales: sus libros menores, su correspondencia, las gramáticas de los lenguajes de la Tierra Media... locos de atar, vamos.

Así pues, ya sabéis otro de mis grandes amores. Y ya que estamos, me despido en élfico: Elen síla lumenn'omentielvo!

Villanos de cine (malos malísimos)

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Hannibal Lecter, M.D.
La tan mentada "magia del cine" a veces hace que en una película el villano sea tan atractivo que tomamos partido por él... en cambio en otras pagaríamos por matarlo con nuestras propias manos. Para alguien como el Peregrino Gris, que ha conservado intacta la capacidad infantil de meterse dentro de una historia (sea libro, film o videojuego) esto puede ser entre divertido y estresante. Así que os obsequio con diez malos malísimos de la historia del cine, los primeros que se me ocurrieron (aunque conté con ayuda). Ya sé que hay más, y que si me lo currara más les podría poner cuatrocientos, pero este blog sale así: aquí te pillo, aquí te escribo. Ahí van:

  • Darth Vader: Qué decir del Lord Sith más famoso del Universo conocido. Desde su primera y majestuosa aparición en el pasillo de una nave estelar fútilmente defendido por los bastardos de la Alianza Rebelde (sí, soy imperial, qué pasa) hasta su final en una pira, pasando por momentos inolvidables, como estrangular mediante la Fuerza a un burócrata molesto mientras simplemente afirma con voz calma "su falta de fe me resulta perturbadora", todo él es un villano de pies a cabeza.
  • Hannibal Lecter: Mi psiquiatra favorito. Construído a modo de Frankenstein con retazos de psicópatas criminales reales (Ed Gein, Jeffrey Dahmer y otros), es el depredador perfecto. Culto, sutil, inteligente, elegante hasta la exasperación, salvajemente violento, eficaz y frío pero capaz de enamorarse perdidamente de una paleta del FBI, es uno de mis malos malísimos favoritos. Thomas Harris, su creador, tiene el mérito de haber logrado que los otros malos que aparecen en sus libros son tan repugnantes que uno toma partido por Hannibal inmediatamente. Su frase de despedida en El silencio de los corderos es simplemente perfecta: mientras espera a su némesis, el Dr. Chilton, le suelta a Clarice: I do wish we could chat longer, but... I'm having an old friend for dinner. Bye. Sublime.
  • Coronel Bill Kilgore: ¿Quién no recuerda al coronel chiflado y cabrón que en Apocalypse Now pone la Cabalgata de las Walkyrias como música de fondo para arrasar una posición del Vietcong? Un bestia de pies a cabeza, capaz de tomar un sitio no por su valor militar sino para hacer surf, de amagar con darle agua a un herido y luego pasar de él o de disfrutar viendo cómo los charlies se fríen bajo el napalm. Y esa sustancia es precisamente la que lo ha hecho inmortal, con una frase brutal: "Hueles eso? ¿Lo hueles muchacho? Es napalm. Nada en el mundo huele así. ¡Qué delicia oler napalm por la mañana!
  • The Joker: No soy de superhéroes (es más, los detesto), pero reconozco que el Joker interpretado por Jack Nicholson en el Batman de Tim Burton me encantó. Su delirante y excesiva interpretación le vino como anillo al dedo al absurdo personaje (tan absurdo como un tipo que se disfraza de murciélago, todo hay que decirlo). ¡Su frase "Has bailado alguna vez con el diablo bajo la luz de la Luna?" es encantadora!
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Lord Darth Vader
  • Vito Corleone: Más de un/a cinéfilo se me echará al cuello por incluir a Don Vito en esta relación. Bueno, yo amo al Padrino, pero no dejo de reconocer que es un mafioso que ordena muertes y salvajadas sin que se le mueva un músculo de la cara. Estrictamente hablando, es uno de los malos... el problema es que, como en el caso de Lecter, viendo quienes son los otros, no te queda más que tomar partido por el. Su frase inmortal es tan conocida que bien vale leerla en italiano: Lui farà un'offerta che non può rifiutare.
  • Sargento de Artillería Hartman: terrorífico instructor de Marines en Full Metal Jacket. El actor, Ronald Lee Ermey, no tuvo que interpretar: él mismo fue exactamente eso, instructor de Marines. Sus excesos -verbales y físicos- te generan tal rabia, que cuando finalmente se lo cargan te dan ganas de vitorear. No obstante, para un chiflado de las armas como yo, verlo en su serie de TV es una pasada... está como una cabra. Mi frase favorita: En Texas solo hay vacas y maricones, recluta Cowboy, y tú no te pareces mucho a una vaca.Así que ya sabemos lo que eres.Te gusta mamar pollas?.
  • Cruella de Vil: Mala malísima por antonomasia. ¿qué persona en sus cabales querría un abrigo de pieles de perritos dálmatas?. La peli es genial (para ser de la factoría Disney, de la que no soy devoto), auqnue sus posteriores versiones con actores me parecieron deplorables. La despreciable Cruella, envuelta en una humareda de tabaco y haciendo sus siniestros planes es una figura destacada en las malas femeninas. Sinceramente, no recuerdo ninguna frase suya, y no tengo ganas de mirar en Google.
  • Sauron: Oh... Sauron, el temible Señor de los Anillos... qué decir de tí, Oscura Majestad. He seguido tu ascenso desde que eras un simple siervo de Morgoth Bauglir, el Primer Señor Oscuro, hasta el ascenso y caída de Barad Dûr. Maestro del engaño (vale que los Hombres tenían unas ganas de dejarse engañar que ni te cuento), la encarnación viva de la Voluntad de Poder: Sauron no busca riquezas, no las necesita. Quiere Poder, dominio. El el Mal puro, sin ninguna concesión a la duda y al remordimiento. Sólo conoce una debilidad, el miedo, y ese miedo es quien en última instancia provoca su caída. Hay muchas frases en el libro que podría citar acerca del Ojo, pero me gusta especialmente la inscripción del Anillo Único en la Lengua NegraAsh Nazg durbatulûk, ash Nazg gimbatul, ash Nazg thrakatulûk, agh burzum-ishi krimpatul, uzg-Mordor-ishi amal fauthut burgûli.
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¡Sí, te lo digo a tí, saca tu culo de mi Cuerpo de Marines!
  • Lucio Aurelio Cómodo Antonino: Sí, vale. Gladiator es una barrabasada histórica sin pies ni cabeza, pero... ¿quién no ha disfrutado del combate en la arena entre el gran Máximo y el emperador Cómodo? Es tan asqueroso... intrigante, incestuoso, rastrero, traidor, cobarde... es uno de los malos de la categoría dos que mencionaba al principio: de los que te gustaría liquidarlos con tus manos. Cuesta encontrar algo suyo que no sea un asquito, pero se muestra humano cuando habla con su padre, lamentándose de no ser amado por Marco Aurelio: ¿Qué hay en mí que tanto odias?. Lo único que siempre quise fue estar a tu altura. César, padre...
  • Edward I Longshanks: Para terminar, este vil maestro de traiciones, que diría Gandalf. El viejo y nauseabundo adversario de William Wallace (interpretado por otro tipo que en la vida real es un asqueroso). Odioso, maquiavélico en el peor sentido de la palabra, salvaje... vamos, un malo, pero malísimo, malísimo, no hay en él ni un resquicio de humanidad. La frase que más me gusta es una que es una verdad como la copa de un pino: El problema con Escocia... es que está llena de escoceses. Y bastante trabajo te dieron, viejo cabrón.
En fin, que por haber los hay a cientos, y mientras escribía esto se me ocurrían otros tantos, y cada cual tendrá los suyos. Para gustos colores, y ahora que termino esta nota me quedaré cavilando... ¿qué tiene el mal para atraernos? ¿qué nos parece atractivo de tipos a los que les partiríamos la cara si pudiéramos?. Pero en fin, que esto no es un blog de filosofía. Y no me toquen las narices que les haré una oferta que no podrán rehusar...


¡Mapa de Apple, gratis!

El espíritu de servicio que siempre anima a este peregrino le lleva, una vez más, a hacer uso de su filantropía. Desinteresadamente, y para que lo podáis consultar gratis, sin pasar por la Apple Store, les ofrezco en primicia absoluta la versión completa del nuevo mapa de la secta empresa Apple, que en un alarde de creatividad ha logrado redefinir el concepto mismo de geografía.

P.S.: Sí, ya sé que la capital de Fidji no es "Fidji", sino Suva. ¡Pero me apeteció poner el nombre del archipiélago, al fin y al cabo es mi mapa!

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La Isla Esmeralda

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Cruz celta

¿Recordáis al irlandés de “Braveheart” que decía que Irlanda era suya? Mentía. Irlanda es mía, y les voy a hablar un poco de ella.
Apenas aterrizado en Dublín, ya recibes tu primera lección: esta ciudad es en verdad Báile Atha Clíath, la “ciudad amurallada por un lado”. Fue fundada en el 988 por el rey Mael Sechnaill II, cerca de Dubh Linn (‘estanque negro’, pronunciado dubjlín). El nombre Dubh Linn antecede a la llegada de los vikingos a Irlanda, y el nombre en nórdico antiguo es simplemente las palabras Dubh Linn reescritas: Dyflin. Es una ciudad partida en dos por el río Liffey, y plana, de casas, no pisos enormes, a escala humana. Invita a pasear. Hay muchas formas de saborearla. Para quien conozca la larga lucha por la independencia está llena de símbolos: el castillo, donde operaba el servicio de inteligencia inglés y donde tantos patriotas fueron torturados y asesinados, la GPO (Oficina General de Correos), donde el nacionalista gaélico Padraigh Pearse leyó la declaración de la Independencia en la fallida Revolución de la Pascua de 1916, siendo luego asesinado junto a los otros firmantes sin juicio ni nada que se le pareciera y donde podemos admirar hoy una magnífica estatua de Cú Chulainn, uno de los héroes mitológicos de la Isla Esmeralda; los Collins Barracks, sitio histórico hoy museo donde estuvieron encarcelados la mayoría de los grandes patriotas,  el cementerio de los Héroes, el bellísimo monumento a los Caídos, donde las almas en forma de cisne abandonan sus cuerpos...

Pero mi isla es mucho más antigua. Podéis dirigir vuestros pasos al Trinity College, donde además de gozar de su enorme biblioteca podréis admirar el Book of Kells, el libro iluminado medieval de estilo irlandés puro más antiguo que se conserva en el mundo (cada día se le da vuelta una página), o extasiaros en el National Museum ante la tumba de un Wyking, espadas y hachas medievales, el oro de los Celtas... Para los amantes de la arquitectura religiosa tenemos la Iglesia de St. Mary y sobre todo la Catedral de St. Patrick, la más grande de la isla, con 90 metros de nave y repleta de recuerdos históricos. Si tras el atracón de cultura e historia queremos juerga, estamos en el sitio indicado. Temple Bar es una opción, con decenas de pubs, aunque mi favorito está a una manzana de distancia, en el Happiness Bridge. Allí hay cerveza de la buena, gente amable y alegre y los viernes y sábados noche música en vivo, aunque en esto hay para elegir, ya que los dublineses son al parecer músicos naturales, y muchas veces gente aficionada que toca en la calle por afición hace que se te encoja el alma sólo con un whist y un bodhran.

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El Cementerio de los Héroes
Podría extenderme más, pero eso será en otra ocasión. Ahora alquilamos coche (en mi opinión, la mejor opción), así añadimos un toque de aventura e incertidumbre a nuestro viaje al conducir por la izquierda. Parada imprescindible si vamos al sur: Cashel. Las ruinas del castillo-abadía, rodeada de campos verdes, sumida en la niebla, erizada de cruces celtas, con el graznido de los cuervos y la tumba con motivos Wykings de Brian Boru, primer Rey de Munster pueden hacerte retroceder en el pasado de la mejor manera, os aseguro que sales de allí mudo, por no estropear el hechizo con palabras. Siguiendo hacia el sur, llegamos a la ciudad rebelde por antonomasia, la pesadilla inglesa: Corcaigh, Cork por mal nombre. Desgraciadamente todo lo que vemos (o casi) es moderno, ya que en la Guerra Tan los delincuentes indultados en Inglaterra y enviados a Irlanda a sembrar el terror (los tristemente célebres Black and Tans) quemaron la ciudad hasta los cimientos. Pero hoy se alza orgullosa, con una magnífica universidad que os recomiendo visitar y una visita imprescindible: el castillo de Blarney. Allí se encuentra una piedra que según la tradición si la besas recibes el don de la elocuencia (yo la he besado y me he vuelto más parlanchín, pero no más sabio. El ser elocuente no implica que lo que digas sea mejor).

Corcaigh es la lanzadera hacia el Gaeltach, la zona de habla gaélica. Cuando entras allí, un cartelón en la carretera te lo advierte: Inglés..bye, bye!! Los nombres de los pueblos, las calles, los comercios...todo en gaélico. Pero que esto no os desanime, los irlandeses son la gente más hospitalaria que he conocido y nunca tendréis problemas por el idioma (ni aunque ignores el inglés). Siguiendo hacia el Oeste está la bravía costa desgarrada que mira al Atlántico. El Ring of Kerry es una zona de belleza indescriptible, azotada por un viento incesante que llega del mar. Allí la alternancia de nubes, sol, lluvia, niebla... crean un ambiente realmente mágico, con colores como nunca habías creído posibles y que nunca se repiten, viendo un nuevo paisaje cada pocos minutos. Y es sólo la antesala de mi sitio favorito: la península de Dingle. Salvaje, como un puñal que se clava en el flanco del Océano, con playas enormes y solitarias, azotadas por un viento que te mantiene en pie aunque te dejes caer hacia delante. A cada recodo, un pueblecillo multicolor de bravos pescadores, y los ecos de la historia por doquier: las torres redondas, donde los monjes medievales pusieron a salvo mucha de la sabiduría de Occidente mientras en el continente casi se había olvidado el uso del latín, el Gallarus Oratory, un curioso oratorio en forma de barca invertida construido sin argamasa en el siglo IV y que aún hoy se conserva absolutamente impermeable, la iglesia de St. Brandan, donde las cruces conviven con las estelas celtas cubiertas de caracteres ógmicos...


Ya más al norte, Galway, y uno de los paisajes más impresionantes del mundo: los acantilados (cliff) de Moher. Casi 100 metros de caída en absoluta vertical, como si la costa hubiera sido cortada a cuchillo. Y la bahía donde los náufragos de la Armada Invencible fueron asesinados en la playa por los ingleses y una placa en castellano rememora aquella matanza...
Incesante Irlanda. Me abstengo de hablar del Ulster ya que no iré allí mientras siga invadido, y que conste que me he dejado centenares de cosas en el tintero. Pero confío en haber picado la curiosidad de alguien para que alguna vez visite mi isla. Desde luego, cuenta con mi permiso.

Vamos a morir, somos afortunados

Sí, parece un oxímoron. En nuestra absurda sociedad postapocalíptica no se habla de la muerte. Es jetta, cenizo, mal fario, atrae la desdicha el hablar de ella. Si lo haces, eres un bicho raro, un pesimista, un morboso. Pero ella está ahí aunque la ignoremos o finjamos que no nos va a tocar a nosotros. 
El título de esta entrada se refiere a unas hermosa palabras de Richard Dawkins, el polémico autor de El gen egoísta o La ilusión de dios. Mejor que transcribirlas las dejo aquí en su propia voz. Vale la pena tomar un minuto de nuestras vidas para oírlas.

P.D.: Parece que Blogger está haciendo de las suyas (otra vez... y otra... y otra...) y no permite reproducir directamente el vídeo... tenéis que pinchar en donde pone "Youtube" (abajo a la derecha) o lo pueden ver pinchando AQUÍ (es mi canal de Youtube). Perdonen las molestias.



La muerte del Universo


Lo malo de las leyes de la naturaleza es que son implacables, y una de las más implacables es la segunda ley de la termodinámica. No, no voy a meter fórmulas ni cosas raras. La parte de la Segunda Ley que nos interesa es bastante sencilla, pero probablemente será la que selle la suerte final del Universo entero.
Lo que viene a decir es bastante inocuo a primera vista: que la entropía en cualquier sistema siempre crece. Ajá. ¿Y? Pues que la entropía, por decirlo crudamente, es la medida del desorden en un sistema. Todo (y cuando digo todo, quiero decir todo) tiende a volverse más desordenado con el tiempo. Veamos un ejemplo sencillo: echar unas gotas de tinta en un vaso de agua. Al hacerlo, veremos unas volutas preciosas de color en el líquido (parecidas a las galaxias, mira tú por donde). Describir el estado del vaso requiere mucha información: dónde y cómo se encuentra cada molécula de tinta con relación al agua. ¿Pero qué pasa al transcurrir el tiempo? Que la tinte se diluye, quedando finalmente una masa de agua coloreada… con muy poca información. Por tanto, podríamos decir que al principio el sistema (agua + tinta) se hallaba en un estado de baja entropía, y que ha terminado con un estado de alta entropía. El desorden, por decirlo así, ha triunfado, como consecuencia de la segunda ley.

Vale, decimos. ¿Y qué diablos tiene que ver un vaso con tinta con el Universo?. Pues que la misma ley rige a ambos, y el mismo camino seguirá el Universo entero. Tengamos en cuenta que estamos hablando de períodos de tiempo inimaginables. Centenares de miles de trillones de años es una cifra pequeña en estos casos… son escalas que la mente humana apenas alcanza a intuir (salvo en casos excepcionales, un Einstein o un Hawking). Pero en esas escalas de tiempo, no sólo las estrellas mueren, sino también las estructuras en gran escala, como las galaxias. La idea es escandalosamente sencilla: si las estrellas mueren cuando se agota su combustible nuclear… las galaxias van muriendo a medida que sus estrellas se van apagando. A lo largo de incontables eones, las estrellas mueren y llegará un punto en el que no habrá otras que las reemplacen. Además, entran en escena los agujeros negros: esos enormes vórtices que tragan todo lo que se les acerca… a medida que en las galaxias vayan quedando menos objetos, los agujeros negros chocarán entre sí, lo cual es una mala noticia: por razones enrevesadas, la colisión de dos bichos de estos forma un superagujero, más grande que la suma de los dos originales.

Esta visión, que el Universo continuará expandiéndose y vaciándose se llama “muerte térmica”. Una tras otra, las estrella y galaxias irán tendiendo al estado de máxima entropía, o sea enfriándose hasta alcanzar la bajísima temperatura interestelar. Lenta, muy lentamente, el espacio irá vaciándose, sólo poblado por inmensos agujeros negros que ya no tendrán materia ni energía que absorber… los restos finales de las estrellas, alcanzado el equilibrio térmico con el espacio, permanecerán como cadáveres congelados en un Universo que sigue expandiéndose, pero sin actividad ninguna… sin luz, sin energía, sin materia.
Esta visión está sujeta a revisión por parte de algunos cosmólogos, que creen que esto no será así. De momento, miremos el firmamento estrellado, ya que hemos tenido la suerte de estar aquí en el momento adecuado para verlo.

¡Pero que tiquismiquis!

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Teakey

Según la RAE: 

Tiquismiquis

1. m. pl. Escrúpulos o reparos vanos o de poquísima importancia.
2. m. coloq. Expresiones o dichos ridículamente corteses o afectados.
3. com. Persona que hace o dice tiquismiquis.

Curioso origen de esta palabra. Está formada por una locución inglesa y una griega. En efecto, “teakeys” (literalmente “llaves del té”), designaba en el siglo XVIII a los que detentaban el monopolio de Aduanas para la importación de tan imprescindible brebaje para los británicos ( y para los chilenos, si hemos de creer a Ricardo Neftalí Reyes en su libro “Confieso que he vivido”, capítulo 8). Al parecer tales personajes eran unos petulantes petimetres excesivamente amanerados, por lo que la palabra “teakeys” (pronúnciese “tikis”) pasó a designar a alguien atildado en exceso o afectado, como bien dice la Real Academia. 

Y en griego, el sufijo Mikis (que también se usa como nombre, recuérdese el famoso autor Mikis Theodorakis) significaría –aunque es de difícil traducción- algo así como “escrupuloso” o “concienzudo”. Así pues, de dos lenguas tan dispares, tenemos una palabra muy evocadora en nuestra parla castellana.

P.S.: Antes de lanzaros al DRAE y ponerme verde, sabed que todo esto acabo de inventármelo. Crear etimologías falsas es uno de mis absurdos entretenimientos

Distopía

distopia

Tipología libresca

libros
Algunos de mis libros
Tras una relación de amor de tantos años con los libros, me atrevo a hacer una tentativa de clasificación grosso modo de los tipos de libros que existen. Seguramente me dejaré muchos en el tintero, pero no sean muy exigentes: todavía ando medio dormido por culpa de un libro de la categoría tres.
  • El tocho infumable: Libros de mil y pico de páginas, que no puedes con ellos por más que lo intentes. Hay ejemplo de este tipo de libro que son grandes clásicos, como Guerra y Paz o libros comerciales como Los pilares de la tierra, y que por más empeño que pongo sólo me sirven para un propósito: paliar el insomnio, pues no logro mantenerme despierto leyéndolos.
  • El tocho fabuloso:  El caso contrario, libracos que aunque tengan tropecientasmil páginas te mantienen en vilo de principio a fin. Ejemplo paradigmático es, obviamente en mi caso (Tolkiendili confeso), El Señor de los Anillos, una obra maestra de la cual ya he perdido la cuenta de cuántas veces lo he leído. Lo más curioso de estas obras es que, aunque sean enormes, se te hacen cortas, y querrías más, con lo cual luego te tragas, los apéndices, aclaraciones y recopilaciones diversas.
  • El Trampa Mortal: También conocido como "la madre del insomnio" o "una página más y apago la luz", estos libros son de los que te cogen y no te sueltan, y te quedas hasta las tantas hasta quedarte dormido con el libro entre las manos. Curiosamente si pienso en ellos no me viene a la mente literatura detectivesca ni policial (ya dije en alguna ocasión que no me gusta la novela) sino algunos libros de tema bélico magistrales como Un puente demasiado lejano, de Cornelius Ryan, que es capaz de tenerte en ascuas todo el rato, y te plantea situaciones que hacen imposible cerrarlo aunque sean las tres de la mañana: ¿conseguirá ese bastardo de Bittrich cerrar el corredor en Nimega? ¿tendrá éxito el cruce del río por los yankis? ¡Madre mía, pero cómo este tipo no se da cuenta de que tiene en su poder todos los planes del enemigo!; o el magnífico ¡Oh Jerusalén! de Lapierre & Collins, donde te tiene en vilo todo el tiempo con la lucha desesperada de los israelitas, muchos de ellos supervivientes de los campos de la muerte, por sobrevivir frente a jordanos, libaneses, egipcios, sirios, irakíes y la Legión Árabe que les habían declarado una guerra de exterminio (palabras textuales del Gran Muftí de Jerusalén -íntimo de Adolf Hitler- y de unos cuantos dirigentes árabes más)... éste es el libro que me mantuvo despierto anoche, que a pesar de haberlo releído ya incontables veces, no podía dejarlo.
  • El breve pero intenso: Estos libros son puñetazos intelectuales. Dadas las circunstancias de la actualidad, en que masas enfurecidas de fanáticos ignorantes, empujados por líderes no tan analfabetos, pero sin escrúpulos, están asesinado personas en medio mundo por una película imaginaria que presuntamente ofendería a un supuesto profeta religioso, me viene como ejemplo perfecto de estos libros, pequeños en tamaño pero intensos en contenido El perdedor radical, de Hans Magnus Enzensberger. Son libros de una enorme claridad expositiva y gran densidad de ideas, pero expuestas en unas pocas páginas (72 en el caso citado). Dan fe de aquel dicho de origen incierto: si una palabra no basta, mil son un derroche. Ojo, que el laconismo y la concisión no son garantía de nada, hay libros breves y malos.
  • El que no deja huella: También conocido como "Una y no más, santo Tomás". Típico ejemplo de estos despilfarros de papel y tinta son los best sellers y tantos otros libros que pasan sin dejar huella. Te los lees, y pasan a ocupar su tumba, es decir un hueco en tu biblioteca. Nunca volverán a ser leídos, y maldita la falta que hace. Cumplen su función, la de entretener, y punto. Un caso muy triste es el que sigue este destino sin haber sido terminado de leer. Suelen ser libros que termino donando a la biblioteca o regalando a personas que sé que tienen un gusto literario abominable.
  • El de cabecera: Es lo contrario del anterior, esos libros magníficos que te enriquecen el alma y la mente. Soy un hereje, lo confieso, tengo una relación muy física con los libros: los subrayo, les pongo post it, les doblo las esquinas de las páginas... no me interesa tener una colección de libros perfectos y muertos, como en un museo; mis libros son parte muy importante de mi vida e interactuamos. Y estos libros de cabecera suelen estar descabalados, subrayados y demás perrerías que les hago; han sido leídos y consultados una y mil veces, son objeto no de culto, sino de amor. Y para peor soy como los Gutres del relato de Borges, "eran como niños, a quienes la repetición les agrada más que la variación o la novedad": he releído mis libros favoritos incontables veces, y cuando digo incontables, quiero decir incontables. Curiosamente, tengo ese mismo hábito insano en el cine, pero ése es otro tema.
  • El "si no tomo notas no me entero": Libros complicados de leer, suelen ser buenos (de otro modo no me tomaría este trabajo). Ejemplos tipo son obras con muchos personajes: El Silmarillion es en el que primero pienso. Si no llevo notas, a las veinte páginas ya estoy preguntándome "¿Curufinwë era el hermano de Fëanor, el cuñado o el mismo tipo con distinto nombre?". Pero dado que, como ya he dicho la novela no es lo mío (aunque en mi concepto "El Silma" no es una novela sino una saga), mis libros con notas suelen ser de divulgación científica. Los abstrusos temas que plantea la mecánica cuántica o la teoría de cuerdas son demasiado para mi limitado intelecto, de modo que lleno los libros de notas, subrayados y demás, para que no tenga que volver a la página tal a verificar si la longitud de Planck era tal o era cual.
En fin, seguramente hay más tipos, y cada cual tendrá los suyos. Un vistazo a nuestras bibliotecas evidencia bastante bien nuestras filias y nuestras fobias (así como la carencia de libros me espanta). Ahora mismo, mientras escribo, echo un vistazo a los libros que tengo a mi izquierda,a ese heteróclito caos silencioso y pienso en la magia. Basta con abrir uno de ellos para sumergirme en otros mundos, y entablar conversación con sus autores, muertos hace tiempo... teniendo libros, ¿quién necesita médiums?.

Palabra de Roy

Una de las escenas más hermosas de la historia del cine:

Yo... he visto cosas que vosotros no creeríais: Atacar naves de combate en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán... en el tiempo... como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.

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Roy Batty

Excerpta

librosOs he pillado con el título de esta entrada, ¿eh?. A veces se me pone una palabra en la cabeza, y no hay manera de sacarla de ahí. Confieso que la que tenía en mente era excerpto, pero la RAE me recordó amablemente que dicha palabra termina en A. En fin, he aquí una excerpta, colección, recopilación o extracto de algunos fragmentos de libros que me encantan, la banda sonora -permitidme la metáfora- de mi relación de amor con los libros.

Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves —cumplíase la voluntad de Zeus—desde que se separaron disputando el Atrida, rey de hombres, y el divino Aquiles.
Ilíada, Homero

¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?
¿Hasta cuándo esta locura tuya seguirá riéndose de nosotros?
¿Cuándo acabará esta desenfrenada audacia tuya?
Marcus Tullius Cicero, Primera Catilinaria

La Galia está dividida en tres partes: una que habitan los belgas, otra los aquitanos, la tercera los que en su lengua se llaman celtas y en la nuestra galos.
Gaius Iulius Caesar, La guerra de las Galias

-Beatriz, Beatriz Elena, Beatriz Elena Viterbo, Beatriz querida, Beatriz perdida para siempre, soy yo, soy Borges.
Jorge Luis Borges, El Aleph

Hace frío en el scriptorium, me duele el pulgar. Dejo este texto, no sé para quién, este texto, que ya no sé de qué habla: stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus.
Umberto Eco, El nombre de la rosa

Bien, aquí, queridos amigos, a la orilla del Mar, termina por fin nuestra comunidad en la Tierra Media. ¡Id en paz! No os diré: no lloréis; porque no todas las lágrimas son malas.
John Ronald Reuel Tolkien, El Señor de los Anillos

Y nueve años después, en Madrid, de pie ante el cuadro pintado por Diego Velázquez, me parecía de nuevo escuchar el tambor mientras veía moverse despacio, entre los fuertes y trincheras humeantes en la distancia, frente a Breda, los viejos escuadrones impasibles, las picas y las banderas de la que fue última y mejor infantería del mundo: españoles odiados, crueles, arrogantes, sólo disciplinados bajo el fuego, que todo lo sufrían en cualquier asalto, pero no sufrían que les hablaran alto.
Arturo Pérez Reverte, El sol de Breda

¿Con qué martillo? ¿Con qué cadena? ¿En qué horno se ha fundido tu cerebro? ¿Con qué yunque? ¿A qué temible garra sus atroces angustias le impulsaron a sujetarse?
William Blake, El tigre

No hay en el mundo fortuna mayor, creo, que la incapacidad de la mente humana para relacionar entre sí todo lo que hay en ella. Vivimos en una isla de plácida ignorancia, rodeados por los negros mares de lo infinito, y no es nuestro destino emprender largos viajes. Las ciencias, que siguen sus caminos propios, no han causado mucho daño hasta ahora; pero algún día la unión de esos disociados conocimientos nos abrirá a la realidad, y a la endeble posición que en ella ocupamos, perspectivas tan terribles que enloqueceremos ante la revelación, o huiremos de esa funesta luz, refugiándonos en la seguridad y la paz de una nueva edad de las tinieblas.
Howard Phillips Lovecraft, La llamada de Cthulhu

En las ventanas o en los umbrales de las sinagogas y escuelas religiosas de la calle de los Judíos, los viejos de luengas barbas contemplaban el desfile. Durante tres mil años, sus antepasados habían visto partir a muchos otros ocupantes: asirios, babilonios, persas, romanos, cruzados, árabes y turcos. Hoy les tocaba el turno, a los militares británicos, de abandonar aquellas murallas tras un triste reinado de treinta años.
Dominique Lapierra y Larry Collins, ¡Oh, Jerusalén!

Las bombas siempre levantan polvo y luego te lo dejan por encima cuando estas muerto, porque ya no se preocupa nadie de sacudírtelo. Las bombas levantan polvo y gravilla y metralla, y luego te matan y te quedas como aquel soldado croata, más solo que la una, en la cuneta de la carretera, junto al puente de Bijelo Polje.
Arturo Pérez Reverte, Territorio Comanche

Quienes habían comenzado este experimento, hacía tanto tiempo, no habían sido hombres... ni siquiera remotamente humanos. Pero eran de carne y sangre, y cuando tendían la vista hacia las profundidades del espacio, habían sentido temor, admiración y soledad. Tan pronto como poseyeron el poder, emprendieron el camino a las estrellas. En sus exploraciones, encontraron vida en diversas formas, y contemplaron los efectos de la evolución en mil mundos. Vieron cuán a menudo titilaban y morían en la noche cósmica las primeras chispas débiles de la inteligencia. Y debido a que en toda la Galaxia no habían encontrado nada más precioso que la mente, alentaron por doquier su amanecer. Se convirtieron en granjeros en los campos de las estrellas; sembraron, y a veces cosecharon.
Arthur C. Clarke, 2001, una odisea espacial

Entonces, Clemenza se dirigió a Michael llamándole Don. Kay vio que Michael recibía el homenaje de aquellos hombres. Y se acordó de las estatuas de los emperadores romanos, quienes, por derecho divino, eran dueños de la vida y de la muerte de sus subditos.
Mario Puzo, El Padrino

Siempre que afloran los prejuicios étnicos o nacionales, en tiempos de escasez, cuando se desafía a la autoestima o vigor nacional, cuando sufrimos por nuestro insignificante papel y significado cósmico o cuando hierve el fanatismo a nuestro alrededor, los hábitos de
pensamiento familiares de épocas antiguas toman el control. La llama de la vela parpadea. Tiembla su pequeña fuente de luz. Aumenta la oscuridad. Los demonios empiezan a agitarse.
Carl Sagan, El mundo y sus demonios

Podría seguir así toda la mañana, ya que tantos años de lectura dejan tu cabeza poblada de frases memorables y fragmentos que propician la reflexión o simplemente te emocionan o divierten. Tú que me lees tendrás los tuyos, esas palabras que contribuyen a forjar y enriquecer el alma. Palabras, sólo palabras, pero qué fuertes y necesarias. Si poderoso caballero es Don Dinero, poderosa dama es Doña Literatura. Sea para elevar mi espíritu o para divertirme, siempre está allí... cuando necesito desconectar, allí están los fieles amigos esperando cobrar vida, "porque es historia de libros, no de miserias cotidianas" que diría el gran Eco. Así que os dejo, que necesito cavilar cual de ellos me acompañará esta noche.

Desiertos

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Arizona, USA
Siempre me han fascinado los desiertos. No sé porqué. Nunca estuve en uno, y no puedo imaginar nada más distinto de un desierto que la superpoblada Buenos Aires. De niño miraba las fotos de desiertos que venían en mi atlas favorito (un tocho editado por el Reader's Digest llamado "El atlas de nuestro tiempo") y soñaba con ellos... recuerdo haber ido unas cuantas veces al cine a ver el documental "El desierto viviente". Soñaba con caravanas de camellos, con noches bajo cielos cuajados de estrellas como diamantes, con los blancos meharis.

Con la adolescencia el panorama se amplió. Conocí nombres míticos: Timbuctú, la caravana de sal de Taoudenni, la Transahariana, Agadés, la capital tuareg; Tamanrrassett, la ciudad de Argelia donde se encontraban los aventureros de todo el Sahara para intercambiar noticias, el padre Foucault, el macizo del Tassili con sus frescos rupestres... y otros desiertos que no eran el Sahara hicieron su entrada en mi imaginario: las dunas rojas del Kalahari, el Gobi, el desierto del sudoeste norteamericano... tuve la suerte de tener un profesor de Geografía que había recorrido el Sahara de cabo a rabo, y aún recuerdo una fascinante visita a su casa, llena de recuerdos de viaje.

No soy el único atrapado en el hechizo de esos lugares vacíos de toda presencia humana. Ilustres predecesores como el francés Foucault o el mismísimo Lawrence también sintieron la llamada de lo ignoto. A veces sueño con estar tumbado en la arena, mirando la bóveda celeste, perdiéndome en el infinito. Ese profesor que estuvo allí (desgraciadamente no recuerdo su nombre) me contó que una noche, estando así, tuvo que aferrarse a la arena, porque el cielo era tan vasto que perdió todo punto de referencia y sintió vértigo, como si fuera a caer hacia las estrellas. Esos sitios desolados, que para otros son el epítome de lo feo (no por nada en Estados Unidos lo llaman badlands, tierras malas) a mí me atraen de manera irresistible. Uno de mis sueños es recorrer esas tierras, en un land rover traqueteante o, mejor aún en un blanco mehari, como aquellos meharistas franceses que en los años '50 bajaban desde Argel hasta el meandro del Níger, en un viaje de meses de duración.
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Las dunas rojas del Kalahari
 Pero ojo, sé que una cosa son mis fantasías y otra la cruda realidad. El desierto es un entorno implacable, donde cualquier error puede ser fatal. Para colmo, sitios como el Sahara o el Rhub Al Khali son casi inaccesibles hoy para un occidental debido a la situación política. Rebelión del islamismo fundamentalista en Níger y Mali, Argelia en la cuerda floja, Libia convertida en un hervidero de dementes (mientras escribo estas líneas me entero del asesinato del embajador norteamericano), Egipto ha caído en manos de los Hermanos Musulmanes (leer los escritos del fundador de los susodichos Hermanos produce verdadero pavor)... la cosa no está para bromas. Probablemente moriré sin conocerlos, pero los llevo en el alma. Y en mis desiertos, los que viven en mis sueños, no hay dementes armados, el calor es algo soportable, y el Land Rover tiene una neverita con birra fría. Así que si alguna vez nos cruzamos en los caminos del sueño, y veis un solitario viajero vestido de caqui y dromedario blanco, ya saben de quién se trata. Haced un alto, y nos tomamos un té de menta. Y cuando la noche alce vuelo y las estrellas brillen, alrededor de la hoguera, nos contaremos batallitas y hazañas reales e imaginarias. Y luego, simplemente, escucharemos el silencio.

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11-S

11 de septiembre de 2001. Escuchando la radio, como siempre, interrumpen la programación para informar que una "avioneta" se había estrellado contra el World Trade Center. Me levanté y puse la tele, y al ver ese desastre, ese agujero tremendo, me dije "joder, eso no lo hace una avioneta". Escuchando lo que retransmitían, vi, como medio planeta, cómo el segundo avión se estrellaba contra la otra torre. Quedé anonadado ante las dimensiones de esa tragedia. No fui consciente en ese momento de que el mundo acababa de cambiar irremediablemente... ese acto deleznable, con los Estados Unidos en manos de un paleto cabeza hueca rodeado de personas peligrosísimas como Rice o Rumsfeld, inició una cadena de acontecimientos, una espiral de violencia en el que Irak, Afghanistán, Madrid y Londres, iniciarían una danza enloquecida de muertes sin sentido, en nombre de la política o de dios (como tantas veces).

Increíblemente, el 11-S, el episodio mejor documentado de la Historia quizá, con grabaciones en directo de las explosiones, de las conversaciones de los pilotos suicidas, de los pasajeros de los aviones y mil cosas más, tiene sus negacionistas, como los que niegan el Holocausto nazi. Estos sujetos, movidos por el odio profundo a EE.UU, el fanatismo político y/o religioso y la imbecilidad más profunda, sostienen, contra toda evidencia, que no hubo aviones, sino que las torres fueron voladas por los propios norteamericanos o por los judíos. No me molestaré en refutar tan estúpida teoría, ya que es como intentar discutir con alguien que asegura fanáticamente que el cielo es rojo... hay que dejarlo en su locura. Pero ésta no es una locura inocente, es malvada además de irracional. Para ellos, mi más profundo asco y desprecio.

Así que hoy recuerdo a las 2.973 personas que murieron, de más de 20 nacionalidades, y a los más de 6.000 heridos. Especial mención merecen los 343 bomberos que cayeron cumpliendo con su deber... verlos subiendo esas escaleras, cuando seguramente su formación les decía que iban a la muerte segura, me pone los pelos de punta. Espero sinceramente no volver a ver nada semejante en lo que me queda de vida.

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No somos idiotas

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El ama de casa, versión años '60
Uno de los mayores inventos de la Humanidad es la televisión por cable. No por tener tropecientosmil canales (de los cuales no ves el 99%), sino porque tiene poca o ninguna publicidad. Hace mucho que he dejado de ver los canales en abierto, y uno de los motivos son las interminables y estúpidas tandas publicitarias, que pueden destrozar la mejor película (o el mejor programa), ya que cuando se reanuda tras la tanda, ya ni recuerdas qué había pasado, qué había dicho quién y si eres un poco despistado, qué diablos estabas viendo (a ver... ¿la rubia es Lucy, la tía que sedujo al hermano tetrapléjico de Bobby, o es Linda, la novia de Ritchie?). Pero el motivo de esta entrada no es la longitud de las tandas, sino su indescriptible imbecilidad.

Vaya por delante que hay alguna publicidad realmente ingeniosa y creativa. Hace mucho tiempo, en Argentina iba al cine a ver (gratis) la proyección de una recopilación de las publicidades de todo el mundo que habían recibido premios, y eran realmente muy, pero que muy buenas, un alarde de imaginación y creatividad. Pero me temo que no es la tónica general.
Una de las cosas que más me irrita es el estereotipo. Si la cosa va de productos alimenticios, ya sabes que saldrá una familia feliz, compartiendo la mesa entre sonrisas que harían palidecer a papá Ingalls, o tías espectaculares diciendo que comen nosequé porquería para mantener el tipo, cuando es evidente que lo suyo es machacarse en el gimnasio 8 horas diarias. Si va de coches, puedes contar con panorámicas del auto en cuestión deslizándose entre hermosos paisajes mientras son conducidos por un sonriente y viril conductor (no sé ustedes, pero yo no voy sonriendo como un imbécil mientras conduzco solo); y si va de productos de limpieza... eso merece comentario aparte.

Las cosas para limpiar la casa, en la mente de un publicista, van dirigidos a un target (como dicen ellos) muy definido: el ama de casa, esa sufrida profesión que consiste en trabajar como una burra, sólo que en casa y sin percibir remuneración. Y al perecer estos señores han decidido que esas personas son idiotas. Actores con bata blanca que intentan con ese truco barato hacernos creer que son científicos alaban las virtudes del detergente X, mientras una animación trucada muestra sus supuestos efectos, intentando hacer creer que esa patraña es real (hace unos años tienen que poner un cartelito advirtiendo de que la imagen no es real, pero ponen letras ilegibles y diminutas); mujeres en traje alienígena que vienen del futuro a decirnos chorradas sobre los productos que venden, supuestas amas de casa reales que meten al vendedor de la porquería que sea en su casa para que les demuestre sus maravillosos efectos y quedan boquiabiertas como si acabaran de ver frente a ellas a Rocco Siffredi en bolas... podría estar toda la mañana recordando imbecilidades de este tipo. Y una cosa hilarante es que nunca (pero nunca) la voz del actor de la publicidad es real, a menos que se trate de un famoso. He llegado a creer que todos los actores publicitarios tienen problemas de habla, sinceramente.

Vamos a ver, señores publicistas... imagino que estas cosas las cobran bien. ¿tanto cuesta pagar un guionista? Recuerdo publicidades hechas sin alardes técnicos (me viene a la mente una de la más famosa bebida cola hecha simplemente con botellas y latas, y una voz en off, que fue muy conocida y tuvo mucho éxito) que eran de buen gusto, alejadas de los estereotipos, ingeniosas, graciosas. Dejen de tomarnos por idiotas, por poner un señor de buen ver en bata blanca nunca me convencerán que el detergente X es mejor que el de marca blanca que compro. Jamás. Y encima, con tipos cerriles como este Peregrino, se da el efecto rebote: hay determinadas marcas que no las compraría ni habiendo fumado crack simplemente por la aversión que me producen sus publicidades. Dejaos de científicos de pega, de modelos a dieta y de lavavajillas relucientes, ya está bien. Hagan su propio mayo francés, la imaginación al poder. Los sufridos consumidores de televisión lo agradecerán.


¡Odio el verano!

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Mi idea del infierno
Ya sé lo que piensan tras leer el título de este post. Que estoy más pallá que pacá, que sufro trastorno límite de la personalidad no diagnosticado ergo no medicado, que soy más raro que un perro verde, etcétera. Y cuando añada que odio profundamente la playa y toda la parafernalia que la rodea, y que mi idea del infierno es bastante parecida al destino vacacional favorito de la mayoría de los españoles (y argentinos), la primera impresión seguro que se ve corroborada. Pero es lo que hay: el Peregrino Gris odia el verano, el calor y todo (o casi: la disminución del volumen de la vestimenta femenina se agradece) lo que trae aparejado.

No creo que esta aversión tenga su origen en ningún tremebundo trauma freudiano: no intentaron abusar de mí en la playa, no me persiguió un tiburón (si lo hubiera hecho no estaría escribiendo esto, ya que no sé nadar), mis veranos fueron normalitos (bueno... depende del punto de vista), comiendo mandarinas y leyendo bajo la sombra del árbol (un mandarino, obviamente). Pero ya desde preadolescente manifesté mi horror por la playa... y eso que a las que fuimos no eran las supermasificadas de Mar del Plata, donde no hay arena, sino una alfombra humana; las mías eran mucho más al sur, en un sitio llamado Necochea. No veáis la lucha de mi madre por impedir que fuera a la playa con pantalón largo y camisa (no lo consiguió, añado), pero de todos modos ya en aquellos lejanos años no le veía yo la gracia a aquello. Te asabas al sol de mala manera, la comida tenía arena, el viento patagónico amenazaba con llevarte de vuelta a Buenos Aires sin necesidad de tren... lo único que podía hacer era leer, ya que como he dicho no sé nadar, y maldita la gracia que me hacía meterme en las heladas aguas del Atlántico. Para este viaje no hacían falta estas alforjas, pensaba: podría estar haciendo exactamente lo mismo, bajo mi árbol y con la nevera a mano.

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Esto es lo mío
En España tres cuartas partes de lo mismo: visité el Mediterráneo por motivos sentimentales (Serrat y mi padre, obviamente), pero me pareció igual que lo otro, sólo que en vez de agua helada era sopa de pollo pasada de sal a punto de hervir. Como diría Kurtz... el horror... el horror...
Os regalo todas las playas de todos los continentes del planeta Tierra y si me apuran de toda la Galaxia y el Universo conocido. Dadme frío y bruma, bosques con sombra y musgo, dadme lluvia, llovizna, orbayo, garúa, txirimiri. Ya me encargo yo de abrigarme con mis magníficas chaquetas Solognac, con las que puedes dormir directamente sobre la nieve. Dadme la lluvia en la ventana, mi calefactor de aire caliente y mi ordenador o un buen libro.
Hay quien asocia el invierno, el frío y la bruma con la melancolía y el verano y el calor con la alegría. Pues si es así, llamadme melancólico. No encuentro nada malo en la melancolía, pero de todos modos no es así para mí. Es simplemente una época de tranquilidad, sin la estridencia chillona del verano. Ya os conté, en mi post anterior, que soy un fan de la radio: para apuntalar mi opinión, no hay más que escuchar la programación veraniega: superficial, tonta, descerebrada... no hay color. 

Para terminar, quisiera citar unas palabras del gran Alejandro Dolina, de su libro "Crónicas del Ángel Gris":

"Cruel como el Carnaval es el verano. Se necesita guapeza para enfrentarlo, para dominarlo y gozarlo en su brutalidad pagana. Nosotros, de este lado, hombres fuertes y jóvenes, pero tocados ya por el mal del otoño y de las sombras, nos atrevemos todavía a compadrear ante el sol.
No tenemos miedo a meternos bien adentro, allí donde no se hace pie. Pero sabemos que ya tras el horizonte ha nacido una ola que se va acercando a la playa. Pronto nos alcanzará y de un solo saque nos apagará las últimas brasas del alma. Después... ya no habrá mas olas para nosotros."

Ése es el don de un escritor: don Alejandro ha sintetizado en dos frases todo lo que quise decir en este post. Pero qué le vamos a hacer... se hace lo que se puede. ¡Y a ver si llega de una vez el dichoso otoño!.