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Cormac McCarthy

Confieso (mea culpa) que conocí a este insigne escritor americano recién cuando uno de sus duros libros fue llevado al cine, concretamente esa brutal y sucinta joya titulada "The road", uno de los escasos relatos postapocalípticos que realmente me estremeció. La biografía de Cormac abunda en lagunas, pero sinceramente me importa un pimiento si nació en una cabaña o sus cambios de domicilio... este digno representante de la mejor tradición de la gran literatura norteamericana habla por sus obras, y de ellas es de las que quiero decir dos palabras.
Cormac McCarthy

Todos los libros suyos que he leído (y releído) si bien son de temas disímiles, comparten algo: el tono. Son páginas sombrías, desasosegantes, nos pinta un paisaje, geográfico y humano devastado, arrasado, los detritos de la sociedad que hemos creado, desde la miseria moral y material de "Suttree" hasta la devastación y abyección absolutas de "The road", pasando por la violencia descontrolada de "No es país para viejos" y la desolación de la "Trilogía de la frontera". McCarthy no toma prisioneros ni hace concesiones, coge la podredumbre del mundo, obra su alquimia literaria y nos la refriega en la cara... nunca un libro suyo me ha dejado indiferente. Obviamente estas opiniones son totalmente subjetivas, pero quien guste de la literatura light haría bien en abstenerse de la prosa inmisericorde y a veces brutal  de este escritor, de quien siempre he dicho que escribe a puñetazos.

Además del clima y los ambientes, merece mención aparte su estilo, de frases cortas y secas y sus diálogos con réplicas y contrarréplicas como disparos, aunque a veces recurre a artificios como charlas morosas y arrastradas, en consonancia con los personajes, que o tienen poco que decir, o no tienen capacidad para un discurso elaborado, reforzando así el retrato psicológico.
En fin, no soy crítico literario (¡por suerte!), así, estas breves líneas sólo tienen como objetivo homenajear a un autor que me ha dado grandes momentos, y si algún lector de este Peregrino se decide a probar el sabor único de Cormac gracias a estas pobres líneas, estaré más que satisfecho.

Fotograma de "The road"

Looking for Richard

En su estupenda película "Looking for Richard", el gran actor (y director) Al Pacino nos regala, como final, estas hermosas líneas de Próspero, en "La tempestad", de William Shakesperare. Que las disfrutéis:

Our revels now are ended. These our actors,
As I foretold you, were all spirits and
Are melted into air, into thin air:
And, like the baseless fabric of this vision,
The cloud-capp’d towers, the gorgeous palaces,
The solemn temples, the great globe itself,
Ye all which it inherit, shall dissolve
And, like this insubstantial pageant faded,
Leave not a rack behind. We are such stuff
As dreams are made on, and our little life
Is rounded with a sleep.

Ahora, nuestro juego ha terminado. Estos actores, como les dije, eran sólo espíritus y se han fundido en el aire, en la levedad del aire; y, al igual que la ilusoria visión que representaban, las torres que coronan las nubes, los lujosos palacios, los solemnes templos, el gran globo mismo, sí, con todo lo que contiene, se disolverán y, como estos desvanecidos pasajes sin cuerpo, no dejarán rastro. Estamos hechos de la misma materia de los sueños y nuestra breve vida cierra su círculo con otro sueño.

tower-mist

Henry V y San Crispín

henry-v
Kenneth Branagh como Henry V

La víspera de la batalla de Azincourt el rey Henry V de Inglaterra dirigió a sus maltrechas tropas (5.000 arqueros y 1.000 peones) una arenga que se ha perdido, pero que Shakespeare ha recreado de forma inmortal. Los ingleses se creen perdidos ante 25.000 franceses y su rey los alienta con una de las arengas más hermosas (y famosas) de la literatura. Resaltaré en negrita los párrafos que más me gustan.

WESTMORELAND
¡Ójala tuviéramos aquí ahora Aunque fuera diez mil de aquellos hombres que en Inglaterra están hoy ociosos!

REY HENRY V
¿Quién pide eso? ¿Mi primo Westmoreland? No, mi buen primo: Si hemos de morir, ya somos bastantes para causar una pérdida a nuestro país; y si hemos de vivir, cuantos menos hombres seamos, mayor será nuestra porción de honor.
¡Dios lo quiera! te lo ruego, no desees un solo hombre más. Por Júpiter, no codicio el oro, Ni me importa quién se alimente a mi costa; no me angustia si los hombres visten mis ropas; esos asuntos externos no ocupan mis deseos: Pero si es pecado codiciar el honor, soy la más pecadora de las almas vivientes.

No, creeme, primo, no desees un solo hombre de Inglaterra: ¡Paz de Dios! no perdería un honor tan grande Como el que un solo hombre creo que me arrebataría por lo que más deseo. ¡Oh, no pidas uno solo más! Proclama, en cambio, Westmoreland, por mi ejército, que el que no tenga estómago para esta pelea, que parta; se redactará su pasaporte y se pondrán coronas para el viático en su bolsa: no quisiéramos morir en compañía de un hombre que teme morir en nuestra compañía.

Este día es la fiesta de Crispiniano: el que sobreviva a este día y vuelva sano a casa, se pondrá de puntillas cuando se nombre este día, y se enorgullecerá ante el nombre de Crispiniano. El que sobreviva a este día, y llegue a una edad avanzada, agasajará a sus vecinos en la víspera de la fiesta, y dirá: ´Mañana es San Crispiniano´. Entonces se alzará la manga y mostrará sus cicatrices y dirá, ´Esta heridas recibí el día de Crispín´. Los viejos olvidan: y todo se olvidará, pero él recordará con ventaja qué hazañas realizó en ese día: entonces recordará nuestros nombres familares en sus labios como palabras cotidianas: Harry el rey, Bedford y Exeter, Warwick y Talbot, Salisbury y Gloucester, se recordarán como si fuera ayer entre sus jarras llenas.

El buen hombre contará esta historia a su hijo; y nunca pasará Crispín Crispiniano, desde este día hasta el fin del mundo, sin que nosotros seamos recordados con él; nosotros pocos, nosotros felices pocos, nosotros, banda de hermanos; porque el que hoy derrame su sangre conmigo será mi hermano; por vil que sea, este día ennoblecerá su condición: y los gentileshombres que están ahora en la cama en Inglaterra se considerarán malditos por no haber estado aquí, y tendrán su virilidad en poco cuando hable alguno que luchara con nosotros el día de San Crispín.

Al día siguiente, 25 de octubre de 1415, la banda de hermanos de Henry V destrozó al ejército francés en Azincourt totalmente, gracias a sus arqueros galeses y artilugios anti-caballería (y un valor a toda prueba). 

Shakespeare, eterno Shakespeare. Has tornado inmortal una triste batalla perdida en la bruma del tiempo y que hubiera sido tragada por el olvido, como tantas otras. Bien nos vendría ahora un tipo como Henry V que nos levantara del suelo y nos alentara a aplastar a quienes nos atacan y oprimen.
Y de regalo (de yapa, diría mi abuela), esta arenga en boca de Kenneth Branagh:





Dos músicos geniales

the-piano-guysMis amigos de Facebook (algunos) ya los conocen: se llaman "The piano guys" y hacen covers de canciones, interpretándolas en piano y cello. Son una maravilla (hay mucho material suyo en Youtube), pero como buen fan de Tolkien les dejo esta pequeña maravilla basada en distintos momentos de la banda sonora de la película "El Señor de los Anillos". Que lo disfruten.


©The piano guys


Realidad, ficción y favelas

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Capitán Roberto Nascimento
Hace cuatro días leí una noticia que inmediatamente me trajo a la cabeza el viajo enunciado de que la realidad supera a la ficción. Resulta que la Policía Militar de Río de Janeiro había invadido unas favelas, con miras a pacificarlas, como operación de lavado de cara por la próxima celebración del mundial de fúmbol y los juegos olímpicos en esa ciudad. No diré nada de lo obsceno que resulta que un país que cuenta en su principal ciudad con algo como el fenómeno de las favelas se gaste millonadas para que unos tipos den botes, brinquen y corran detrás de pelotitas, allá cada cual con su conciencia. Simplemente que este escenario ya lo vi, pero no en los diarios (por cierto, quien no se haya enterado de la operación policial puede leer sobre ella en este enlace), sino en dos espléndidas películas brasileñas: "Tropa de élite" y "Tropa de élite 2: ahora el enemigo es otro".

De entrada, al leer la noticia, me entró la sospecha al leer que la invasión se realizó en minutos, no se disparó ni un tiro... y que no se apresó a ningún jefe narco. El descaro de esta irrupción pactada con los narcos me dejó estupefacto, y no pude menos que acordarme de las pelis citadas.
La primera de ella nos introduce en la situación personal del Capitán Roberto Nascimento, integrante del BOPE (Batalhão de Operações Policiais Especiais), que está harto, superado por completo por la brutal presión de una guerra urbana de las peores, pues el día a día de las favelas no es precisamente recibir a la policía con los brazos abiertos, sino a tiros. Y la gota que colma el vaso es nada menos que tener que limpiar una favela, esta vez no por el benemérito Comité Olímpico, sino porque al Papa Juan Pablo II se le ocurrió pasar la noche en un sitio contiguo a una de las favelas más violentas. Lo que ocurrió fue un reguero de favelados muertos, para que la santa cabeza pudiera apoyarse sin riesgo en la santa almohada esa noche. Vamos, que cualquier relación con la realidad no es mera coincidencia.

bope
¿Fotograma del film o realidad?
La segunda parte de la película nos muestra también como funciona el pacificar un sitio: se lo toma con la policía militar en una acción de fuerza de grandes proporciones, que garantiza titulares en todos los diarios del mundo, y durante un tiempo parece haber paz: ya no hay noticias de matanzas y tal. El Comité Olímpico puede tener paz en sus deportivas seseras, al parecer las favelas han mutado en jardines del edén en unas horas, pueden declarar que Río es una ciudad segura y blablabla. Pero, dear friends, la peli nos muestra cómo funciona en realidad esto: a los narcos se los expulsa, se los mata, o se pacta con ellos para que se larguen por un tiempo; las organizaciones de extorsión de éstos desaparecen... para ser sustituidas por organizaciones formadas por policías corruptos. Para el favelado de a pie la cosa no cambia mucho: antes pagaba el impuesto por utilizar su furgoneta de transporte colectivo, el enganche ilegal a la TV o lo que sea a alguna banda, ahora se lo paga a la policía (aunque hay un problema: si le dan una paliza de muerte o lo matan por no pagar... ¿a quién se denuncia? ¿a la policía?). Pero la cosa tiene trampa, pasiero. Cuando estaban las bandas, había lucha por el control, asesinatos, torturas... cosas de las que salen en los diarios e inquietan a los olímpicos o a los mundialistas fumboleros. En cambio, con el asunto bajo control policial, todo parece tranquilo, los diarios no dicen nada, y los jerifaltes del deporte no ven sus conciencias sobresaltadas. Así funciona la cosa, aunque sea triste saberlo.

Alguno se preguntará porqué doy crédito a lo que muestre una película. Pues porque no es una de Rambo. Están basadas en un libro del mismo título, escrito a tres manos por gente que conoce el tema desde dentro, incluído un ex miembro del BOPE y el ex secretario nacional de seguridad pública de Brasil. Y les aseguro que, con lo brutales que son, las pelis se quedan muy cortas respecto a los que se cuenta en el libro.
En fin que como se suele decir, nihil novum sun sole. Sólo que esta vez el parecido fue tan descarado que me llamó la atención. Sólo me faltó ver al Capitán Nascimento en alguna foto. Y para terminar, una de las frases que más me gustan de la segunda película: el sistema no trabaja para resolver los problemas de la gente. El sistema trabaja para resolver los problemas del sistema.


Escenas cinematográficas inolvidables

blade-runnerEl cine, como cualquier otra cosa en la vida, nos ofrece escenas sublimes, mediocres, intrascendentes u horribles.Pero tiene un poder evocador que pocos medios artísticos tienen. Así que hoy vamos a compartir algunas escenas cinematográficas que me encantan, las iré escribiendo tal y como se me ocurran... obviamente no serán todas (llenaría el blog), pero pondré unas cuantas. Algunas son enormes clásicos, que son ya iconos de la cultura popular, otras son quizá chorradas pero que a mí me gustan. Vamos allá.

  • El bar de Rick en Casablanca. Los alemanes cantan una marcha de guerra, y el soso de Laszlo hace lo único destacable de su papel: se levanta, se dirige a la orquesta y comienza a sonar Le Marsellaise, que termina siendo cantada por todos, en un duelo musical. No pongo la mítica escena final (Louie, este es el comienzo de una hermosa amistad) por demasiado obvia.
  • Conan corre por una estepa perseguido por lobos... sube a un túmulo y se salva por los pelos, cae en una cueva y resulta ser la tumba de un rey, en la cual obtiene una espada. Sale y echa una mirada a cámara inenarrable. Corte y en la escena siguiente sigue corriendo por la estepa, pero ahora... con una flamante capa de piel de lobo. El Chuache es muy capaz de haber curtido la piel a salivazos.
  • En La lista de Schindler, se está vaciando el Ghetto de Cracovia. En medio de la barahúnda infernal de tiros y gritos, un SS sentado a un piano toca una bella melodía. Dos cansados compañeros suyos se paran en la puerta y uno pregunta ¿Bach? y el otro lo mira disgustado y le dice "no, Mozart", y la música sublime sigue sonando mientras prosiguen las carreras y los disparos.
  • Rick Deckard está a punto de caer desde un edificio enorme, bajo la lluvia... su única mano de apoyo cede, y Roy, el replicante, lo coge de la muñeca y le dice “Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad? Eso es lo que significa ser esclavo.” Una frase perfecta, alguna vez hablaremos de ella y su relación con nuestras vidas.
casablanca
  • Una torre de control en medio de una emergencia. Todos corren, atareados, y Lloyd Bridges, con los pelos alborotados, comenta "mal día para dejar de esnifar pegamento". Sublime.
  • Final de la magnífica Looking for Richard, de Al Pacino. Retazos de la película van desfilando mientras una voz en off recita un glorioso parlamento, que termina así: "y conforme este desfile insustancial se desvanezca no dejará ni una huella detrás. Estamos hechos de la misma sustancia de los sueños, y nuestra pequeña vida está cercada por un sueño". Te quedan los pelos como escarpias.
  • Yoda está entrenando en las artes Jedi a Luke. Cuando llega el momento de utilizar la Fuerza para mover cosas, Luke duda, y le dice a Yoda "lo intentaré". Y la respuesta es memorable: No. Hazlo, o no lo hagas, pero no lo intentes.
  • La sala de control de misión de la NASA es un caos. El Apollo 13 ha sufrido una explosión, y quizá no sobrevivan. Ed Harris (el enorme Ed) da una serie de órdenes y pronuncia una frase mítica (la tengo en mi camiseta del Apollo XIII): "El fracaso no es una opción".
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  • En las Minas de Moria, Gandalf habla con Frodo tras ver a Gollum. Frodo lamenta que Bilbo no hubiera matado a Gollum cuando pudo hacerlo, y Gandalf se lo reprocha: ¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte. Pues ni el más sabio puede discernir esos extremos." Obviamnete la frase original me gusta más, pero Peter no lo hizo mal tampoco.
  • En su lecho de muerte, Mozart dicta la partitura del Réquiem a Salieri. Éste escribe, enfebrecido, y llega un momento que, abrumado, suelta la pluma y se coge la cabeza... la música que le están dictando es demasiado para él, no puede seguir el ritmo de lo que está oyendo... de verdad que signore Salieri tenía razón. Si dios existiera, su voz sería la música de Mozart.
  • Saddam Hussein pelea contra el presidente de Estados Unidos (una vez más, el genial Lloyd Bridges). Se le acerca mucho y le suelta una de las amenazas más terroríficas de la historia del cine: "te mataré hasta que mueras"
  • La Marine Colonial Vásquez hace flexiones en la nave Sulaco. Uno de sus compañeros le dice "¿eh, Vásquez, nunca te han confundido con un hombre?" y la respuesta de la única tía armada que me convence es brutal: "No. ¿Y a ti tampoco?".
  • Y para terminar con algo épico.... el General Máximo Décimo Meridio se reúne con sus oficiales de caballería antes de un ataque contra una tribu germana, en un bosque... les espera la brutalidad y el horror de la batalla, y les dice: ¡Manteneos firmes! ¡No os separéis de mí! ¡Si os veis cabalgando solos por verdes prados, el rostro bañado por el sol, que no os cause temor! ¡Estaréis en el Elíseo y ya habréis muerto! ¡Hermanos! ¡Lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad!. ¡No es cierto, vamos, pero suena estupendo!
En fin, como ya dije, hay miles. En alguna otra entrada hablaremos de frases y escenas de la literatura. Pero ya vale por hoy... fundido a negro y... ¡corten!.

¡Cómo te rayas, P.K.D.!

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Sí, ya... ¿quién diablos es P.K.D.? Pues uno de mis autores favoritos de ciencia ficción, Philip Kindred Dick. No me propongo glosar su vida, eso lo hace la Wikipedia mucho mejor que yo. Escribo estas líneas porque anoche, tras muchas vacilaciones (ocasionadas porque el protagonista es el insufrible Tom Cruise) me decidí a ver Minority Report, un film de Spielberg basado en una novela del bueno de Phil. Y me reencontré con el universo obsesivo y opresivo de Dick. Es el sueño de todo ministro del Interior: unos seres manipulados pueden ver el futuro, pero sólo en lo referente a asesinatos, lo que permite detener a los... ejem... presuntos asesinos y encarcelarlos antes de que comentan el crimen. Naturalmente, estás deteniendo a un inocente, puesto que el acto del que se le acusa no ha sido realizado. Aquí afloran todas las obsesiones de Dick: el estado opresor y brutal, la sociología, los estados alterados de conciencia. La novela es tan buena que hasta hizo obviar la presencia del pequeñajo terror de las nenas. 

Recuerdo que mi primer contacto con este autor fue a los 10 u 11 años, con un libro brutal llamado Deus Irae, escrito con Roger Zelazny. En unos Estados Unidos devastados tras una guerra nuclear, hay varios tipos de seres: los humanos, los incs (de incompletos, gente a la que le faltan miembros) y los mutantes, engendros inteligentes de todo tipo generados por la evolución acelerada inducida por la radiación. En este mundo el cristianismo ha muerto (nadie puede creer en el dios cristiano después de lo que ha sucedido), y ha sido reemplazado por el culto a una figura absurda: un tal Lufteufel (juego de palabras con Teufel, "demonio" en alemán). Se rumorea que ese hombre se halla aún vivo, y un artista Inc emprende una peregrinación inverosímil a través de un paisaje de pesadilla para ver el Rostro del nuevo dios y plasmarlo en una obra. Fue mi primer contacto con Dick, y unos años después llegaría otro, éste el definitivo.

Blade Runner fue un antes y un después en la forma de ver cine de SciFi para muchos de nosotros. Lo que muchos admiradores de la peli no sabían es que (cómo no) está basada en un libro de Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?. Mucha gente que vio Blade se precipitó a comprar el libro, y se quedó a cuadros, puesto que poco tienen que ver... son dos obras de arte completamente distintas. En el libro, Roy, el replicante filosófico y duro de matar, es un androide con bastante poca sesera, y con menos aún habilidades de combate: Deckard lo encuentra, tira abajo la puerta de una patada y se lo carga. Así, sin más. Pero el cambio más evidente es el propio Deckard: es un idiota integral, cuyo único sueño y obsesión en la vida es cambiar su oveja electrónica por una real, que cuesta un dineral. Es un tipo limitado, envidioso, bastante mala persona... nada que ver con el guapérrimo Harrison Ford. En fin, que ninguna de las dos obras es mejor, simplemente son, con una base común, dos obras maestras diferentes. Y en ambas las mismas obsesiones acerca de la identidad, la memoria, el ser.

Podría seguir así toda la mañana. Dick tiene auténticas obras maestras como El hombre en el castillo, pero lo mejor que se puede hacer es leerlas (me he dejado en el tintero otra obra adaptada al cine de forma bastante esperpéntica con nada menos que el Chuache como protagonista (y con el icono sexual de toda una generación, una jovencísima y hermosa Sharon Stone): Total Recall, otro juego con la memoria). La inmersión en el mundo alucinatorio de Dick es toda una experiencia, pero vale la pena. Eso sí, si no les gusta, no me echen la culpa a mí.

Tolkiendili

tolkien
John Ronald Reuel Tolkien
Antes que nada, aclarar el título. Los freakys como yo solemos subdividirnos en varios tipos, de acuerdo a nuestro objeto de interés principal. Los hay Trekkers (devotos de Star Trek), Geeks (los locos de la informática y la tecnología)... y los seguidores incondicionales de la obra de Tolkien, los Tolkiendilis. 
Mi historia con las obras del escritor británico es larga. Por puro azar, cayó en mis manos su obra más difícil, una saga (literalmente) llamada "El silmarillion". Ante mis fascinados ojos se desplegó todo un mundo, con su historia, geografía, mitos, lenguajes... era algo que no había visto ni de lejos (lo único remotamente parecido era el mundo de la Edad Hiboria de los relatos de Conan, pero que estaba a años-luz de lo que estaba descubriendo). Indagando en las librerías, me enteré de que luego del Silmarillion venía El Hobbit, y luego El Señor de los anillos. Así que por pura casualidad leí los libros en el orden correcto.

¿Porqué la obra de este hombre me chifló tanto? Difícil de concretar. Vale que el marco y el contenido son fastuosos... la Tierra Media es una auténtica maravilla y la obsesión por el detalle de Tolkien la dotan de un realismo sorprendente. Además, es un mundo de fantasía en el cual puedes tranquilamente "suspender la incredulidad", como decía Coleridge. Suceden cosas que en nuestro mundo no podrían existir, vale, pero los personales tienen sus limitaciones por poderosos que sean. Gandalf, por más mago que sea, tiene que rendirse en el Paso de la montaña Caradhras porque la nieve le impide el avance, y ante la sugerencia de Legolas de que vaya delante con una llama para fundir un sendero, le espeta secamente que "no puede quemar nieve". De todos modos, las descripciones son tan exquisitas que existen atlas que reconstruyen toda la Tierra Media basándose en el relato.

Especialmente interesante es el planteamiento que escogió Tolkien para llevar a cabo la misión más importante de la historia de la Tierra Media: destruir el Anillo Único de Sauron, el Señor Oscuro que amenaza la libertad del mundo entero. No escoge a un gran  Mago como Gandalf, o un gran guerrero como Aragorn: el encargado de llevar a cabo esa misión es un simple hobbit, un tipo no más alto que un niño humano de diez años, no muy diestro con la espada, y más amante de la buena vida que de andar escalando volcanes. Tolkien nos pone aquí ante algo que nos concierne directamente: el papel que todos nosotros, por pequeños y humildes que seamos, podemos jugar en los grandes acontecimientos del mundo. Suena utópico (nuestro mundo real de hoy es mucho más aterrador que cualquier cosa que haya leído acerca de la Tierra Media), pero leer la aventura terrible de Frodo me reconforta. Y yo no veo al libro como una lucha entre el Bien y el Mal, en plan bíblico maniqueo. Más bien la veo en clave política, y muy parecido a la Segunda Guerra Mundial: Sauron es un tipo que busca sobre todo el poder y el dominio, aún a costa de su propia destrucción en el proceso.

Un crítico de Tolkien dijo que LOTR (Lord of the Rings) era un librito de aventuras en el cual cuando termina la guerra los buenos ganan y vuelven a casa felices como buenos chicos que son. A mí me parece que el tipo ése no leyó el mismo libro que yo... el libro tiene un final melancólico y duro, y más de una vez se me han caído las lágrimas leyendo la despedida de Frodo en los Puertos Grises... por no hablar de su versión cinematográfica. La película (porque en realidad es una película dividida en tres trozos, igual que el libro, que NO es una trilogía, sino un único libro partido por imposición de los editores) para mí es simplemente perfecta, y rezuma amor por la obra de Tolkien en cada fotograma. Vale que tiene un par de defectos (meter a los Elfos en la batalla del Abismo de Helm fue una pifia muy gorda), pero la he visto decenas de veces, y las decenas más que la seguiré viendo. Además, tiene un gran mérito: ha incrementado las filas de los Tolkiendilis, gente que desconocía a Tolkien y que a partir de la película ha leído los libros y se ha hecho fan. Y nos ha obligado a establecer una cronología: los Tolkiendilis APJ (antes de Peter Jackson, el director) y los DPJ (después de Peter Jackson). Y es que los APJ solemos ser tan fans que tenemos mucha más obra de Tolkien que los libros principales: sus libros menores, su correspondencia, las gramáticas de los lenguajes de la Tierra Media... locos de atar, vamos.

Así pues, ya sabéis otro de mis grandes amores. Y ya que estamos, me despido en élfico: Elen síla lumenn'omentielvo!

Villanos de cine (malos malísimos)

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Hannibal Lecter, M.D.
La tan mentada "magia del cine" a veces hace que en una película el villano sea tan atractivo que tomamos partido por él... en cambio en otras pagaríamos por matarlo con nuestras propias manos. Para alguien como el Peregrino Gris, que ha conservado intacta la capacidad infantil de meterse dentro de una historia (sea libro, film o videojuego) esto puede ser entre divertido y estresante. Así que os obsequio con diez malos malísimos de la historia del cine, los primeros que se me ocurrieron (aunque conté con ayuda). Ya sé que hay más, y que si me lo currara más les podría poner cuatrocientos, pero este blog sale así: aquí te pillo, aquí te escribo. Ahí van:

  • Darth Vader: Qué decir del Lord Sith más famoso del Universo conocido. Desde su primera y majestuosa aparición en el pasillo de una nave estelar fútilmente defendido por los bastardos de la Alianza Rebelde (sí, soy imperial, qué pasa) hasta su final en una pira, pasando por momentos inolvidables, como estrangular mediante la Fuerza a un burócrata molesto mientras simplemente afirma con voz calma "su falta de fe me resulta perturbadora", todo él es un villano de pies a cabeza.
  • Hannibal Lecter: Mi psiquiatra favorito. Construído a modo de Frankenstein con retazos de psicópatas criminales reales (Ed Gein, Jeffrey Dahmer y otros), es el depredador perfecto. Culto, sutil, inteligente, elegante hasta la exasperación, salvajemente violento, eficaz y frío pero capaz de enamorarse perdidamente de una paleta del FBI, es uno de mis malos malísimos favoritos. Thomas Harris, su creador, tiene el mérito de haber logrado que los otros malos que aparecen en sus libros son tan repugnantes que uno toma partido por Hannibal inmediatamente. Su frase de despedida en El silencio de los corderos es simplemente perfecta: mientras espera a su némesis, el Dr. Chilton, le suelta a Clarice: I do wish we could chat longer, but... I'm having an old friend for dinner. Bye. Sublime.
  • Coronel Bill Kilgore: ¿Quién no recuerda al coronel chiflado y cabrón que en Apocalypse Now pone la Cabalgata de las Walkyrias como música de fondo para arrasar una posición del Vietcong? Un bestia de pies a cabeza, capaz de tomar un sitio no por su valor militar sino para hacer surf, de amagar con darle agua a un herido y luego pasar de él o de disfrutar viendo cómo los charlies se fríen bajo el napalm. Y esa sustancia es precisamente la que lo ha hecho inmortal, con una frase brutal: "Hueles eso? ¿Lo hueles muchacho? Es napalm. Nada en el mundo huele así. ¡Qué delicia oler napalm por la mañana!
  • The Joker: No soy de superhéroes (es más, los detesto), pero reconozco que el Joker interpretado por Jack Nicholson en el Batman de Tim Burton me encantó. Su delirante y excesiva interpretación le vino como anillo al dedo al absurdo personaje (tan absurdo como un tipo que se disfraza de murciélago, todo hay que decirlo). ¡Su frase "Has bailado alguna vez con el diablo bajo la luz de la Luna?" es encantadora!
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Lord Darth Vader
  • Vito Corleone: Más de un/a cinéfilo se me echará al cuello por incluir a Don Vito en esta relación. Bueno, yo amo al Padrino, pero no dejo de reconocer que es un mafioso que ordena muertes y salvajadas sin que se le mueva un músculo de la cara. Estrictamente hablando, es uno de los malos... el problema es que, como en el caso de Lecter, viendo quienes son los otros, no te queda más que tomar partido por el. Su frase inmortal es tan conocida que bien vale leerla en italiano: Lui farà un'offerta che non può rifiutare.
  • Sargento de Artillería Hartman: terrorífico instructor de Marines en Full Metal Jacket. El actor, Ronald Lee Ermey, no tuvo que interpretar: él mismo fue exactamente eso, instructor de Marines. Sus excesos -verbales y físicos- te generan tal rabia, que cuando finalmente se lo cargan te dan ganas de vitorear. No obstante, para un chiflado de las armas como yo, verlo en su serie de TV es una pasada... está como una cabra. Mi frase favorita: En Texas solo hay vacas y maricones, recluta Cowboy, y tú no te pareces mucho a una vaca.Así que ya sabemos lo que eres.Te gusta mamar pollas?.
  • Cruella de Vil: Mala malísima por antonomasia. ¿qué persona en sus cabales querría un abrigo de pieles de perritos dálmatas?. La peli es genial (para ser de la factoría Disney, de la que no soy devoto), auqnue sus posteriores versiones con actores me parecieron deplorables. La despreciable Cruella, envuelta en una humareda de tabaco y haciendo sus siniestros planes es una figura destacada en las malas femeninas. Sinceramente, no recuerdo ninguna frase suya, y no tengo ganas de mirar en Google.
  • Sauron: Oh... Sauron, el temible Señor de los Anillos... qué decir de tí, Oscura Majestad. He seguido tu ascenso desde que eras un simple siervo de Morgoth Bauglir, el Primer Señor Oscuro, hasta el ascenso y caída de Barad Dûr. Maestro del engaño (vale que los Hombres tenían unas ganas de dejarse engañar que ni te cuento), la encarnación viva de la Voluntad de Poder: Sauron no busca riquezas, no las necesita. Quiere Poder, dominio. El el Mal puro, sin ninguna concesión a la duda y al remordimiento. Sólo conoce una debilidad, el miedo, y ese miedo es quien en última instancia provoca su caída. Hay muchas frases en el libro que podría citar acerca del Ojo, pero me gusta especialmente la inscripción del Anillo Único en la Lengua Negra: Ash Nazg durbatulûk, ash Nazg gimbatul, ash Nazg thrakatulûk, agh burzum-ishi krimpatul, uzg-Mordor-ishi amal fauthut burgûli.
sargento-hartman
¡Sí, te lo digo a tí, saca tu culo de mi Cuerpo de Marines!
  • Lucio Aurelio Cómodo Antonino: Sí, vale. Gladiator es una barrabasada histórica sin pies ni cabeza, pero... ¿quién no ha disfrutado del combate en la arena entre el gran Máximo y el emperador Cómodo? Es tan asqueroso... intrigante, incestuoso, rastrero, traidor, cobarde... es uno de los malos de la categoría dos que mencionaba al principio: de los que te gustaría liquidarlos con tus manos. Cuesta encontrar algo suyo que no sea un asquito, pero se muestra humano cuando habla con su padre, lamentándose de no ser amado por Marco Aurelio: ¿Qué hay en mí que tanto odias?. Lo único que siempre quise fue estar a tu altura. César, padre...
  • Edward I Longshanks: Para terminar, este vil maestro de traiciones, que diría Gandalf. El viejo y nauseabundo adversario de William Wallace (interpretado por otro tipo que en la vida real es un asqueroso). Odioso, maquiavélico en el peor sentido de la palabra, salvaje... vamos, un malo, pero malísimo, malísimo, no hay en él ni un resquicio de humanidad. La frase que más me gusta es una que es una verdad como la copa de un pino: El problema con Escocia... es que está llena de escoceses. Y bastante trabajo te dieron, viejo cabrón.
En fin, que por haber los hay a cientos, y mientras escribía esto se me ocurrían otros tantos, y cada cual tendrá los suyos. Para gustos colores, y ahora que termino esta nota me quedaré cavilando... ¿qué tiene el mal para atraernos? ¿qué nos parece atractivo de tipos a los que les partiríamos la cara si pudiéramos?. Pero en fin, que esto no es un blog de filosofía. Y no me toquen las narices que les haré una oferta que no podrán rehusar...


Palabra de Roy

Una de las escenas más hermosas de la historia del cine:

Yo... he visto cosas que vosotros no creeríais: Atacar naves de combate en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán... en el tiempo... como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.

roy-batty
Roy Batty

The Truman Show

Jim-Carrey-Truman-Burbank
Truman Burbank
Anoche volví a ver esa magnífica película de Peter Weir que es "El show de Truman". El mejor papel, en mi opinión, que ha interpretado el siempre excesivo Jim Carrey. Mucha gente ha visto en ella una metáfora sobre la televisión y su enorme poder (y falta absoluta de escrúpulos), pero en mi concepto va más allá, mucho más allá. 

Resumamos para ese extraterrestre venido del planeta Gliese 581C que lee este blog y no ha visto la peli: una corporación televisiva adopta un bebé, y retransmite su vida entera en directo. Todos sus actos (menos el sexo, hipocresía suprema) son emitidos por miles de cámaras. Y lo más inquietante es que este hombre vive en una ciudad ficticia, que en realidad es un gigantesco plató (o como se escriba). Todos, su mujer, sus padres, sus vecinos, el barrendero de la esquina, son actores o extras. Por una serie de acontecimientos fortuitos, Truman se percata de lo que pasa, y finalmente escapa de su prisión.

¿De qué estamos hablando aquí? De manipulación, de cómo lo que damos por sentado en nuestra realidad diaria no es más que un decorado, orquestado por otros para orientar nuestro pensamiento en determinada dirección. Ojo, no soy dado a historias de conspiraciones idiotas, no creo que la llegada del hombre a la Luna sea un montaje de la CIA o que ninguna agencia secreta esté manipulando mi cerebro. Estoy todo lo cuerdo que puedo estar en este mundo enloquecido. Pero sí creo que ese filme refleja bastante bien la realidad del occidente industrializado. Al fin y al cabo, la visión de la realidad la construimos  en base a los inputs de información que recibimos, pero esa información no es aséptica ni inocente: son empresas concretas, con dueños concretos, que sirven a intereses concretos. Nuestra callada aceptación de nuestra jaula de oro, nuestra felicidad ilusoria producida por el consumismo desenfrenado, no creo que tenga otro origen que esa visión manipulada de la realidad.

Ed-Harris-Christof
Christof
Especialmente memorable es el personaje interpretado por ese enorme actor que es Ed Harris: el creador del show, irónicamente bautizado como Christof. Dos de sus frases son claves para apuntalar mi interpretación: en un reportaje, alguien del público le reprocha que tenga a su personaje prisionero en esa ciudad ideal, pero ficticia. Y él responde que si Truman quisiera huir, que si verdaderamente deseara irse, si lo quisiera con toda su alma, lo haría, que ellos no podrían detenerlo. ¿Quién de nosotros no ha pensado, en un momento de hartazgo con nuestra dorada prisión, en largarse, cambiar radicalmente de vida, abandonar el plató, vamos? ¿Y quién lo ha hecho realmente? Casi nadie, apuesto a que ninguno de mis lector@s conoce de primera mano a alguien que lo haya hecho. 

La segunda escena es en el final de la película. Christof habla con Truman, a punto de abandonar el circo que constituye su vida, y le dice: "Escúchame Truman, ahí fuera no hay más verdad que la que hay en el mundo que he creado para ti. Las misma mentiras, los mismos engaños, pero en mi mundo, tú no tienes nada que temer". Y ahí hay una verdad profunda. Los espectadores, los que mantenían económicamente a la serie comprando merchandising seguramente se consideraban libres, y veían a Truman como un ejemplar de zoo. Pero ellos mismos no eran más que otros tantos millones de Trumans, tan manipulados y engañados como el desventurado protagonista. Y hay una gran diferencia entre nosotros y él: nosotros sabemos perfectamente que estamos siendo manipulados y engañados, no como él, que lo ignoraba. Pero aún sabiéndolo, aún sabiendo que toda esta sociedad basada en el consumo que ha llegado al paroxismo del absurdo es falsa de cabo a rabo, un mal decorado de cartón piedra, seguimos la charada y actuamos como si fuéramos libres.

Hay cine de mero entretenimiento y gran calidad, y hay cine que te remueve la conciencia y el alma. Y "El show de Truman" es un espléndido ejemplo de este último.


(No pude resistirme a poner la escena final)