"Has reconocido que el delito cometido contra el pueblo
judío en el curso de la guerra es el más grave delito que consta en la
historia, y también has reconocido tu participación en él. Pero has dicho que
nunca actuaste impulsado por bajos motivos, que nunca tuviste inclinación a
matar, que nunca odiaste a los judíos, y pese a esto, no pudiste comportarte de
manera distinta y no te sientes culpable. Nos es muy difícil, aunque no
imposible, creerte; existen pruebas, aunque escasas, que demuestran sin dejar lugar
a dudas razonables lo contrario de cuanto afirmas, en lo referente a tus
motivos y tu conciencia... ][ Si aceptamos, a efectos dialécticos, que tan
solo a la mala suerte se debió que llegaras a ser voluntario instrumento de una
organización de asesinato masivo, todavía queda el hecho de haber, tú,
cumplimentado y, en consecuencia, apoyado activamente, una política de
asesinato masivo. El mundo de la política en nada se asemeja a los parvularios;
en materia política, la obediencia y el apoyo son una misma cosa. Y del mismo
modo que tú apoyaste y cumplimentaste una política de unos hombres que
no deseaban compartir la tierra con el pueblo judío ni con ciertos otros pueblos
de diversa nación —como si tú y tus superiores tuvierais el derecho de decidir
quién puede y quién no puede habitar el mundo—, nosotros consideramos que
nadie, es decir, ningún miembro de la raza humana, puede desear compartir la
tierra contigo. Esta es la razón, la única razón, por la que has de ser
ahorcado."
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Eichmann durante su juicio |
©Hannah Arendt, "Eichmann en Jerusalem"